A 8.000 metros de altura el mundo se ve más tranquilo, a otro ritmo, cuando bajamos vivimos más estresados, casi hasta histéricos.
EDURNE PASABAN LIZARRIBAR Alpinista, ha escalado 11 de las 14 montañas más altas del planeta.
-¿Cómo se ve un mundo en crisis desde 8.000 metros de altitud?
Mucho más tranquilo, eso desde luego. Cuando, hace poco, estábamos en el Manaslu, todo el mundo me llamaba para hablarme de la crisis. Me decían: "Ya verás cuando vuelvas qué marrón te vas a encontrar...". La verdad es que desde allí arriba se ve el mundo de diferente manera y coges las cosas de una forma más tranquila. Lo ves todo de otra manera, vas a otro ritmo... Aquí vivimos mucho más estresados, casi hasta histéricos.
-¿Se considera la mejor alpinista de la historia?
No, no. Creo que ha habido muy buenas alpinistas. No estoy para decir que sea la mejor para nada, ni mucho menos.
-Lleva once «ochomiles» y se ha planteado el reto de completar los catorce que hay en el planeta. ¿Cuándo espera gritar eso de «misión cumplida»?
Lo de los plazos es algo muy subjetivo. Me gustaría terminar en 2010, pero hay que tener en cuenta que dependemos de un medio, como la montaña, que no controlas, que no está en tu mano. El poder lograr ese objetivo dependerá de la montaña, pero, desde luego, estaría bien terminar en dos años el reto de los catorce «ochomiles».
-Le quedan el Kanchenjunga, el Shisha Pangma y el Annapurna, ¿tiene ya un plan determinado para atacar estas cumbres?
La verdad es que no tengo planeado en qué orden van a ir las tres cimas que me quedan por delante. De momento, sólo hay una cosa segura: la primavera que viene me voy al Kanchenjunga. Se trata de una montaña de primavera y empezaremos por ahí. Luego, lo demás, ya lo veremos.
-La italiana Nives Meroi y la austriaca Gerlinde Kaltenbrunner son las otras dos mujeres con once «ochomiles» que también afrontan el reto de completar los catorce. ¿Están inmersas las tres en una carrera de competición?
No, para nada. Esa es más que otra cosa una rivalidad que han creado los medios. Yo con Gerlinde y con Nives tengo unas relaciones perfectas, sobre todo con la austriaca. Gerlinde y yo somos superamigas y nos reímos un poco de todo esto. Bueno, también es verdad que todas queremos terminar las 14 cimas en primer lugar, pero no hay una competitividad exagerada. Este deporte tiene un riesgo muy elevado y hay que tener los pies encima de la tierra.
-¿Quién de las tres lo puede tener más fácil a la vista de las montañas que le quedan a cada una?
Uff, pues no lo sé. Yo hoy te puedo decir que el Shiha Pangma es más fácil que el Kanchenjunga, pero ahora mismo he vuelto del Shisha y no he subido y puede que el año que viene vaya al Kanchenjunga y lo suba. Esto siempre va en función de la montaña y del tiempo que cojas. Por tanto, no podemos hacer una estadística de las probabilidades que tenemos cada una.
-¿La presión mediática puede conllevar más riesgos en las escaladas pendientes?
No. Por lo menos yo intento que no sea así. La presión no me tiene que influenciar porque me estoy jugado la vida y he perdido muchísimos amigos en esto. Hace poco, en el Shisha, decidí dar la vuelta y no seguir. Cuando tomas una decisión así piensas en los medios de comunicación, en la gente que te sigue y en el espónsor, pero te das cuenta que todo ello no hace que tengas que seguir adelante si no se dan las condiciones. Aunque también es verdad que sin sufrimiento no se consigue nada en esta vida.
-Pongámonos en lo mejor. Año 2010: Edurne Pasaban ha completado los catorce «ochomiles» del planeta, ¿a partir de ahí qué?, ¿qué retos le quedarán?
Pues no lo sé. Las cosas me las tomo poco a poco. Creo que con todo esto del proyecto de los «ochomiles» estoy hipotecando otro tipo de cuestiones más personales, como el tener una familia y ese tipo de cosas. Cuando acabe el proyecto en el que estoy embarcada bajaré el ritmo, puesto que lo mío no es hacer 22 «ochomiles» como Juanito Oiarzabal. Eso sí, seguro que siempre estaré vinculada a la montaña y, por supuesto, al Himalaya, aunque a un menor ritmo.
-¿Qué se siente al coronar una cima de 8.000 metros de altura?
Una sensación de haber cumplido un objetivo, un sueño que tenías. Y lo mismo ahora, que tengo once, que cuando hice el primero. Has trabajado mucho, has entrenado y si al final consigues subir a la cumbre la satisfacción es enorme.
-¿Hay algún «ochomil» que le haya hecho especial ilusión?
El primero, que fue el Everest, me hizo ilusión, pero lo cierto es que cada uno tiene su historia y responde a momentos diferentes de todos estos años. La verdad es que tengo peores y mejores recuerdos, pero todas las ascensiones me han proporcionado una enorme satisfacción.
-¿Merece la pena jugarse la vida por lograr una cima?
Por supuesto que no. El deporte que practico tiene un riesgo muy elevado de perder la vida. Pero por coronar una cima no merece la pena ni perder la uña de un pie.
-¿Tiene hijos?
No.
-¿Y si los tuviera, le gustaría que siguieran sus pasos y que también fueran alpinistas?
Que hagan lo que quieran. Mis padres nunca me obligaron a ir a la montaña ni a hacer lo de los «ochomiles», y ha salido así. Mis hijos tendrían que hacer lo mismo, pero si van a la montaña, ayudaré.
«El alpinismo tiene un gran riesgo, pero por coronar una montaña no merece la pena perder la vida, es más, ni perder siquiera la uña de un pie»
«A veces pienso que con la cuestión de subir los "ochomiles" estoy hipotecando las cuestiones personales, como poder formar una familia»
fuente: http://www.lne.es/secciones