Por Alex Garate
Un enero tormentoso, algunos años atrás, invitado a una expedición del grupo “Huamán”, tuve oportunidad de contemplar por primera vez desde muy cerca la extensa cadena de cerros que se adhieren al Ojos del Salado hacia el sur y el sureste. Impresionado, no pude contener el impulso inmediato de imaginarme recorriendo por todo lo alto aquella larga mole de cumbres blancas.
Casi al mismo tiempo, encaramados al volcán Olmedo, Horacio y Juan Pablo registraron en imágenes la misma visión, y el espíritu inquieto y explorador despertó en ambos el mismo deseo: recorrerlo uniendo sus cumbres. Poco después, reunidos en casa, celebramos la coincidencia de nuestros sueños, analizamos fotos, mapas, y leímos relatos de otras expediciones. Por años la empresa nos pareció descomunal, desmedida y precisamente por eso planificamos detalladamente la aventura. Varios avatares, algunos muy dramáticos, fueron intensificando nuestros contradictorios pareceres alrededor de este proyecto. Los temores crecieron en la misma medida que nuestra experiencia en la montaña y la intención de al menos intentarlo.
Hasta que un buen día de febrero de 2008, un sol espléndido nos despertó en el Arenal a 5.500 m de altura, muy cerca de la base del Ojos, con todo listo para cargar las mochilas y partir. Esta vez éramos Herman (Binder) y yo. A los dos nos cabía la responsabilidad y el placer de intentar cumplir aquel sueño que compartimos por años los cuatro amigos de Córdoba. Estábamos en mitad de la puna catamarqueña, extenso desierto de altura del que emerge un sinnúmero de enormes conos volcánicos. Aquí están todos los mayores volcanes del mundo y la mayoría de las montañas de más de 6.500 m en América. De entre todas ellas, se destaca un conjunto de cumbres formando un cordón que, por su envergadura, es único en toda la Cordillera: el Cordón del Ojos del Salado. Una larga columna vertebral, plagada de cerros y quebradas de gran altura, con cuatro cumbres principales: Ojos del Salado (6.900 m), cerro Ata (6.527 m), cerro Walter Penck (6.682 m) y cerro Nacimientos (6.463 m). Todo el cordón, desde la primera a la última cumbre, tiene una extensión de 21 km. Nuestro propósito, recorrer de manera autónoma toda su longitud ascendiendo las cuatro cumbres principales.
OJOS DEL SALADO
La mochila era nuestro primer gran temor. Había que reducir su peso al máximo. La tarea del “esto sí, esto no” nos llevó un rato más, y a mediodía de aquel 13 de febrero abandonamos definitivamente el Arenal rumbo a la cumbre del Ojos. El ascenso era por la vertiente sureste, ruta argentina habitual muy conocida por nosotros. Sin embargo la perspectiva de ascender sus fuertes laderas de nieve con una gran mochila y con muchos días por delante de permanencia en altura impregnaba a cada paso de un sabor inquietante. Debíamos administrar cuidadosamente nuestras fuerzas. Armamos un primer campamento al pie de las laderas del Ojos, a 5.750 m. De madrugada el termómetro marcó -9 ºC dentro de la carpa. El ascenso continúa por acarreos y neveros de unos 30 grados de inclinación que desembocan en una amplia hollada. La rodeamos por su izquierda hasta llegar al pie de la larga arista final del Ojos. Aquí nos dimos por satisfechos y armamos el segundo campamento. Estábamos a algo más de 6.400 m y suponíamos que sería difícil dormir y descansar lo suficiente.
El 15 de febrero, día de nuestra primera cumbre, amaneció sereno. Esperamos hasta que el sol diera en la carpa, y partimos. Dejamos a nuestra derecha la ladera sureste, cargada de nieve, y avanzamos pesadamente por el corredor de roca descompuesta. A los 6.800 m encontramos algunos restos del helicóptero chileno y en poco tiempo más nos abrazábamos exultantes junto a la pirámide metálica que marca el punto más alto. Eran las 13:10 hs, poco viento y una gran visibilidad. Ofrenda a la montaña y retiramos el testimonio dejado por nuestras amigas de Fiambalá, Lis y Maggy, que en diciembre pasado conmemoraron el 50 aniversario de la expedición Halcón a esta misma cumbre. Descansamos, comimos, hicimos fotos y disfrutamos de sentirnos bien en semejante lugar. El regreso a la carpa se hizo breve. Aún era temprano así que decidimos continuar. Herman había pasado una mala noche y no era conveniente pasar otra noche más a esa altura. Hidratamos bien y volvimos a cargar con todo.
Este era el tramo más incierto en toda la travesía. No sabemos de ninguna otra expedición que haya recorrido este macizo, desde la cumbre del Ojos hacia el sur hasta la base del Ata, y las imágenes disponibles no aportaban suficiente información. Debíamos superar o rodear varias cumbres secundarias, quebradas desconocidas, farallones de roca amenazantes y un ancho glaciar final que desciende hasta los 5.900 m del collado previo al cerro Ata. El andinismo de exploración está todavía vigente.
Caminamos sobre nieve profunda y persistimos en seguir avanzando viendo que la buena fortuna y la Pachamama nos ayudaron a elegir lo que luego nos pareció un camino muy lógico, evitando las crestas de mayor altura y manteniendo en lo posible rumbo sur. Pasamos sobre una pequeña laguna helada e imaginamos ser las primeras personas en hacerlo, o quizá incluso los primeros animales. El paisaje bello y el sol amigable colaboraron con estirar nuestras fuerzas. Finalmente cruzamos aquel glaciar que sabíamos nos esperaba, y nos descolgamos hasta los 5.800 m en un inmejorable lugar para descansar, con abundante agua de deshielo. Hacía unas doce horas que habíamos empezado a caminar. Por primera vez desde que comenzamos a diseñar esta travesía sentíamos que había posibilidades ciertas de completarla. El desgaste físico de este día fue importante; en una sola jornada habíamos cubierto lo que en nuestros planes debían ser dos. Decidimos premiar a nuestros cuerpos con un día descanso. Comer y beber todo lo que el estómago acepte, relajarnos y estudiar la ruta del próximo ascenso.
ATA
El 17 de febrero fue sin duda el día más caluroso. Subiendo las primeras rampas del Ata, ya sobre los 6.000 m, el reflejo del sol sobre la nieve nos hizo transpirar intensamente; estábamos en camiseta. La ruta se preveía sencilla. La boca abierta del cráter que cubre toda la cumbre del volcán vierte su aliento hacia el noroeste; debe haber unos 300 m de desnivel entre su labio superior y el inferior. El punto más alto se encuentra en el borde este del cráter. Ascendimos sus laderas en una gran diagonal, atravesamos un corredor de hielo y nos acercamos con las mochilas hasta escasos metros de la cumbre. La montaña nos mostró su otro lado, el profundo cráter. Sabemos de sólo tres expediciones que llegaron hasta este lugar: la expedición de la Asociación Tucumana de Andinismo del año ‘55 por la que recibe ahora este nombre; la expedición japonesa del año ‘70 que retiró el testimonio de la anterior, ahora en el Museo de los Seismiles, y la expedición de los Arianos, mendocina, del ‘98. Todas ellas tenían su objetivo puesto en otras cumbres y por distintas razones llegaron a ésta. Recorrimos de ida y de vuelta los alrededor de 100 m casi totalmente horizontales de la cumbre y no encontramos rastro de nuestros antecesores en ninguno de los tres pequeños promontorios. Decidimos que el del extremo norte es el punto más alto; allí levantamos nuestra apacheta y depositamos nuestra ofrenda y testimonio. Eran las cinco de la tarde. El GPS marcó 6.527 m.
Desde esta posición observamos un lugar ideal para el próximo campamento: un circo de roca al pie mismo del Walter Penck. Todavía nos quedaba recuperar las mochilas y caminar una buena distancia. Nuestras fuerzas estaban muy reducidas pero reinaba el optimismo. Bajando al collado entre las dos cumbres, Ata y Walter Penck, descubrimos con sorpresa que está cubierto por un glaciar que el terreno nos había ocultado; de forma estilizada y salpicado de una bella y amenazante red de estrechas grietas. Entendimos por qué a las lenguas de los glaciares les llamamos lenguas. No era hora ni había ánimo de dar ningún rodeo, así que apretamos los dientes y cruzamos lo más rápido posible. Ahora sí, la carpa, derretir nieve, comer y descansar.
WALTER PENCK
18 de febrero. Otra vez el día nos saludó con un cielo resplandeciente. Sentíamos muy cerca la cumbre del Walter y no dudábamos de alcanzarla. Sin embargo, los dos, Herman y yo, sufrimos mucho el frío de la mañana y nos encontrábamos completamente fatigados. Así, desde los casi 6.300 m donde habíamos dormido, iniciamos el tercer ascenso de nuestra travesía. La nieve, que por momentos nos abrazaba hasta la rodilla, no hizo más que empeorar la situación. Luchamos en silencio hasta que pudimos abandonar las mochilas en la nieve y encarar derecho hacia la cumbre por un empinado acarreo de grandes rocas, muy estable. Ahora sí, avanzamos con rapidez hasta que la pendiente cedió y nos depositó en la zona de la cumbre, un laberinto de torres de roca de diez o veinte metros de altura. Difícil dilucidar cuál es más alta. Nos decidimos por una de ellas y sólo en lo más alto comprobamos que no era. En la segunda ocasión no hubo error. Encontramos la cumbre y testimonios de anteriores visitantes (de Salta). Dejamos nuestro testimonio y ofrenda. Eran las 15:30 hs.
Lo más costoso de este día comenzaba ahora. Debíamos descender de nuevo por el oeste, recuperar las mochilas y rodear la cumbre principal. Decidimos hacerlo por el sur. Tuvimos que faldear con mucha nieve, y el terreno resultó ser muy irregular, quebradas profundas y cerros altivos, desconocidos, por los que tuvimos que ir adivinando la ruta. Agotadores ascensos y descensos y el Nacimientos seguía sin aparecer en el horizonte. Así como cada día distribuíamos la carga entre ambas mochilas, así también fuimos alternando en un silencio sincero y cómplice el liderazgo en el caminar. Los momentos de fortaleza de Herman me permitieron reconocer la extrema debilidad en que me encontraba y en sus momentos de fatiga absoluta pude encontrar reservas de energía que no sospechaba. La jornada fue larguísima. Queríamos avanzar hasta poder alcanzar un collado que rondaba los 6.000 m. Apenas pudimos disfrutar del grandioso paisaje. Por fin llegamos a destino; campamento, agua y comida. Eran las doce de la noche cuando nos entregamos al sueño en el confort de la pluma.
NACIMIENTOS
No salimos del saco hasta que el calor del sol dentro de la carpa nos obligó a hacerlo. En nuestro fuero interno disfrutábamos del éxito, sabíamos que lo estábamos logrando. Podía ver en los ojos fatigados de Herman la felicidad por un hermoso sueño que se estaba cumpliendo. Este día pretendíamos solo acercarnos hasta la base del Nacimientos, así que tranquilos desayunamos, hicimos fotos y dejamos que el sol entibiara nuestros cuerpos cansados y relajados. A mediodía comenzamos a desmontar todo. Caminamos algunos kilómetros costeando por el norte el macizo del Nacimiento, manteniéndonos siempre por los 5.950 m. Estábamos de muy buen humor. Antes de que el frío de la noche nos castigara habíamos ya armado nuestro último campamento, comimos con esfuerzo todo lo que los cuerpos aceptaban y nos acostamos a dormir. Era la última jornada de la travesía; 20 de febrero. Queríamos culminar nuestros esfuerzos en la cumbre del Nacimiento y además bajar hasta las orillas del río Aguas Calientes, en La Junta, lo que sabíamos significaría muchas horas de caminar. Así que por primera vez nuestro calentador comenzó su tarea antes de que el sol anunciara su diaria visita. Con la primera claridad del amanecer empezamos a caminar. Íbamos livianos, con poco más que el termo y la máquina de fotos en la mochila. Los cuerpos maltrechos mantenían un ritmo lento pero constante. Olíamos el final de todo y la fatiga no opacaba nuestra felicidad. Un colchón ondulante de nubes cubría el bajo, y el viento helado acompañaba nuestro andar. Pronto estábamos al pie de las últimas rampas que ascendimos pesadamente por el acarreo. Eran las 11:30 hs cuando encontramos la apacheta y varios testimonios en la cumbre del Nacimientos. El fuerte viento derribaba cualquier sensación de placer, pero nos abrazamos satisfechos, conmovidos. El GPS marcó 6.463 m. La cumbre que observamos ahora al oeste daba una molesta sensación de ser más alta pero no estábamos en condiciones de ir a comprobarlo.
Habíamos encadenado las cuatro cumbres del cordón del Ojos del Salado en seis días. Nuestro serpenteante camino, registrado en el GPS con 45 puntos, fue de más de 26 km, desde la pirámide de la cumbre del Ojos hasta esta apacheta del Nacimientos, en las que el punto más bajo fue el tercer campamento, 5.780 m. Regresamos hasta la carpa y quedamos exhaustos acostados al sol. El calentador interrumpió nuestro silencio. Comimos, tomamos mate y rápidamente desarmamos todo. Cantando, alegres y agradecidos, nos despedimos de estas alturas. Fueron ocho horas más de esfuerzo recibiendo ahora un hermoso sol cada vez más cálido. Después la luna, llena a rebosar, iluminó pálida nuestros pasos. A medianoche llegamos a La Junta donde nos esperaba el jugoso depósito de comida. El mismo instante en que dejamos de caminar, la noche serena nos sorprendió con un eclipse total de luna. El cosmos todo se sumó al banquete y nos guiñó un ojo, cómplice silencioso de nuestro goce.
Esta bella aventura sin duda permanecerá para siempre en nuestro recuerdo y ha unido nuestras almas una vez más e irremediablemente como hermanos de la montaña. Herman Binder
FICHA TÉCNICA por Guillermo Almaraz.
Resumen de datos técnicos e históricos de montañas relevantes de nuestros aún poco conocidos Andes de Atacama. (La ficha del ojos del Salado la hemos publicado con anterioridad).
WALTER PENCK
El Walter Penck es el “seis mil quinientos” con menos ascensos, y fue el último en ser escalado. De difícil aproximación y en cierta medida opacado por su vecino gigante el Ojos del Salado, posee una cumbre secundaria de más de 6.500 m virgen, y muchas posibilidades de nuevas rutas por descubrir.
Ubicación: Argentina (Catamarca)
Altura: 6.658 m (IGM Arg).
Coordenadas: 27° 11’ 46” S / 68° 33’ 38” O.
Ruta Normal: Si bien la mayor cantidad de ascensos se producen desde el Arenal siguiendo la ruta de Reinhard, la ruta normal es la SE abierta por la expedición de Jaime Suárez.
Cartografía: Cerro Ojos del Salado 1: 100.000. Fiambalá 1: 250.000 IGM Arg. Época de ascenso: de octubre a abril.
Dificultad: F. Alta montaña. Es fundamental la aclimatación y la experiencia previa en ascensos similares.
Descripción topográfica: Es un típico volcán compuesto con una clara superposición de cráteres y cumbres. Definido como sistema por Jaime Suárez, posee tres cumbres alineadas de norte a sur, siendo la principal la central. En su ladera oeste se encuentran las no escaladas cumbres W2, W3 y W4. Cumbres subsidiarias y no por ello carentes de identidad propia: los cerros ATA o Arianos (6510 m), y el Olmedo (6241 m).
Su denominación El IGM argentino lo nombra erróneamente como cerro del Nacimiento, denominando al verdadero Nacimiento como Bayo. Otros nombres que lo identifican son Cazadero y Nevado González. Fue la Expedición Tucumana de 1955 la que nombró a la cumbre principal como Walter Penck en honor al explorador alemán. En su intento por hollar el Ojos del Salado habían escalado otra cumbre nominándola ATA; observaron al llegar a ella hacia el norte una cumbre altísima (era el Ojos del Salado, pero no lo reconocieron) a la que llamaron Libertador General San Martín, mientras que al sur vieron otro cerro mas alto del que ellos se hallaban, llamándolo Walter Penck.
Primer ascenso Luego de que fuera escalado el Bonete a principios de 1970, solo una cumbre principal de más de 6.500 m quedaba sin hollar. Con el doble objetivo de alcanzar la cumbre más alta de la región (Ojos del Salado) y de ser los primeros en escalar el punto virgen mas alto del mundo fuera de Asia, una expedición japonesa llegó a la zona en diciembre de ese mismo año. Lideraba el grupo nipón Ichiyo Muko al cual se sumaron los chilenos Pedro Rosende y Sergio Kuntsmann. La expedición ingresó por el salar de Maricunga y estableció su campo base en el retén de carabineros de Laguna Verde. A partir de ese punto, valiéndose de mulares, avanzaron por el valle que separa los cordones de Barrancas Blancas y de los Arrieros. Dentro del extenso valle establecieron 2 campos de aproximación en conjunto y luego el equipo se dividió en dos cordadas con objetivos distintos: el jefe de la expedición y el grueso de los integrantes se dirigirían al Ojos del Salado, m ientras que K. Takeshita y los andinistas chilenos buscarían coronar el último 6.500. El 11 de diciembre establecieron solos el campo 3, con idea de alcanzar la cumbre el día siguiente, pero al remontar el extenso pedrero nevado del cerro que tenían enfrente alcanzaron una cumbre distinta a la buscada, que se alcanzaba a casi 2 km al sur y superaba la por ellos hollada en más de 150 metros. En la cumbre (del cerro ATA o Arianos) hallaron una olla de aluminio grabada por los primeros ascensionistas con la leyenda “1951 Asoc. Tucumana de Andinismo - 1955” indicando las fechas de la primera expedición y de la que había hecho cumbre finalmente el 22 de enero de 1955. Desorientados por la situación bautizan el cerro como Nevado Perdidos, bajan el testimonio tucumano y sin dejar el propio descienden al campo de altura. Al otro día trasladan el campamento a la ladera SO del Walter Penck y finalmente el 14 de diciembre escalan su cumbre principal, logrando el primer ascenso.
Nuevos ascensos.El segundo ascenso lo realizará Johan Reinhard en febrero de 1982 luego de escalar el Ojos del Salado desde el campamento del Arenal, inaugurando la ruta NE. Informará que en la cumbre no halló ningún testimonio del paso de la expedición japonesa. En septiembre de 1991, aparentemente escaló la cumbre el alemán Andreas Mitterer solo, y el 9 de octubre el francés Philippe Reuter junto con el chileno César Burgos recuperando los testimonios de Reinhard y de otro escalador según los dichos del galo (seguramente el de Mitterer). El cuarto ascenso corresponde a John Biggar (1996) y en 1998 Jaime Suárez lidera su expedición desde el NO, alcanzando la cumbre del cerro ATA y nominándolo Arianos al no encontrar ningún testimonio. En noviembre de 1999 el grupo marplatense liderado por Guillermo Almaraz logra el primer ascenso de la cumbre sur (6.550 m) y en diciembre de ese mismo año los alemanes dirigidos por Von Gotz abren la ruta sur aproximándose por el Campo Negro. En febrero de 2000 Jaime Suárez dirige la expedición que finalmente entrando por Real de Rasguido encontrará la ruta más directa a la cumbre, inaugurando así el itinerario que hoy se considera la normal.
RUTAS
1-Original o Norte. S. Kunstmann, P. Rosende, K. Takeshita Diciembre 1970 2-Del Arenal o Noreste. J. Reinhard. Febrero 1982 3-Este (nevero este). P. Reuter y S. Burgos. Octubre 1991 4-Normal o SE. Jaime Suárez y compañeros. Febrero 2000
fuente: http://www.alborde.com.ar/














