Durante el mes de Enero de 1995, y ya por cumplir mis 20 años, me preparaba para cursar el primer año del profesorado de educación física.
Fecha de publicación: 23/05/08
Era la primera vez que me proponía realizar una travesía, me había comprado una bici Zenith de aluminio con suspensión delantera. Le pedí a “El Patón” (mi viejo) que me abriera un crédito y así fue como me pude comprar mi primer “máquina”.
No di muchas vueltas con el tema de la organización porque no tenía un mango, la bici no estaba equipada con alforjas ni nada por el estilo, con decir que no tenía ni una calza y el inflador que llevé pesaba una tonelada porque era de esos que son de pié para inflar autos. Sólo era cuestión de pedalear y no quejarse por el dolor del sillín.
Cargué todo en una mochila ... ¡y al hombro!!!!! . Comencé a pedalear hacia la ciudad de Paraná en la provincia de Entre Ríos, distante de Santo Tomé a unos 28 km. Crucé el majestuoso río Paraná por medio de una balsa que se encarga de cruzar camiones de gran porte y de los transportes de combustibles, porque en la zona no hay puentes y el paso vehicular se realiza por el túnel subfluvial Hernandarias.
El cruce es de singular belleza, son según la altura del río unos 30 a 40 minutos de navegación. Al llegar a la costa Entrerriana comencé a pedalear hacia el centro de la ciudad para ver cuál ruta me llevaría a la ciudad de Crespo, encontré la ruta, y después de andar varias horas y pedalear 68Km. llegué a dicha ciudad. En la plaza principal ante la mirada de todos los que pasaban me pegué una refrescada en una canilla, hacía falta refrescar el cuerpo después de tanto calor. Ni tenía protector solar así que pregunté por una farmacia. La farmacéutica se reía cuando le pedí un protector como diciendo que ya era tarde, la verdad es que tenía los brazos ardidos, sufrimiento que se fue acentuando con el correr de los días.
Volví pedaleando hasta la entrada del pueblo, ya entrada la tarde, comí algo y fue cuando se me acercó un campesino que muy amablemente me invitaba a dormir en un galpón, pero no acepté. El amigo era bien del campo porque se quedó admirado con la bici. Pero lo mejor fue cuando me pregunta: ¿tiene tres cambios no es cierto?, no le respondí, tiene 21 y el pobre exclamó: “a!!! .... me estás cachando”!!!!!...con toda su tonada entrerriana que resulta muy graciosa
Así fue como terminó la primera jornada cuando me dispuse a dormir sobre un banco del parque de la entrada. Eran como la cuatro de la mañana cuando una luz muy fuerte sobre mi rostro y la vos de un hombre que me pide documentos me despierta sobresaltado sin saber donde me encontraba. Eran dos policías, me preguntan de donde vengo y no sé por qué les respondí de Coronda (que es una ciudad de Santa Fe que tiene una cárcel bastante grande).
Los tipos habrán pensado que era un prófugo pero después entendieron que me había equivocado. Pero nunca terminaron de entender del todo. Me preguntaron que hacía yo en ese lugar y sólo les respondí que pedaleaba.
A todo esto ya había pasado media hora y los amables policías no se movían de mi lado. Quería dormir, estaba muerto, me terminaron preguntando de todo: mi alimentación, tiempos distancia etc. Me invitaban a dormir en la comisaría pero tampoco acepté.
A la mañana siguiente emprendo mi viaje hacia la próxima ciudad, pero cuando llego me encuentro que Nogoyá es un pueblito muy chico, con una plaza que no tiene mas que un par de pinos y nada por hacer. Como algo, duermo una siesta y sigo viaje. Me había desilusionado bastante porque me imaginaba que sería lindo como Crespo, pero nada que ver.
Llego a la ciudad de Victoria después de dos días de pedaleo. Me alojo en el camping del puerto, pero no tenía ni carpa. Veo llegar a un muchacho sólo y cuando comenzó a armar su carpa le pregunté si me daba lugar para dormir, y muy gustoso me contestó que sí. Ahora me pregunto: por que la gente es tan buena cuando está de campamento y te ofrece todo lo que tiene a cambio de nada, y cuando está en su ámbito a veces es tan egoísta que no te dan ni la hora?. Este nuevo amigo llamado Cristian era de Bs. As., y fue a pasar un fin de semana a esa ciudad. Después de armar el campamento visitamos la ciudad. Es atrayente porque todavía conserva muchas casas con sus rejas de estilo colonial, todas forjadas y muy trabajadas, de hecho el logo de la ciudad es una reja.
En el lugar se vive principalmente de los cereales, y de la pesca, puesto que en el puerto hay gran cantidad de pescadores y acopiadores que a toda hora están descargando de sus canoas y barcos pescado para ser llevados a las cámaras frigoríficas. Los chicos del lugar sólo con una línea y un anzuelo oxidado se entretienen vendiendo pescado que sacan desde la orilla a turistas que con todos sus equipos a veces no pescan nada.
Cristian nunca había probado un sábalo a la parrilla, así que con 0.50 centavos compré uno hermoso y por la noche lo hice a las brasas, nos comimos todo y a dormir.
A la mañana siguiente cuando despertamos nos encontramos que estábamos solos, parecía que un huracán se llevó todo, y muy lejos no estabamos porque un temporal arrasó con todas las carpas que se encontraban en el lugar. Ese día caminamos por la ciudad y nos quedamos bastante tiempo allí en el camping. El clima había cambiado obligándome a arroparme con el poco abrigo que llevaba.
El último día resultaría el más largo en cuanto a kilómetros por pedalear, puesto que tendría que llegar a Santo Tome. Después de saludar y agradecer a Cristian emprendo mi regreso comenzando a pedalear como a las 6 de la mañana. Llego a la ciudad de Diamante. Me refresco en una playa, como algo y después de una hora de descanso sigo viaje.
Llegué a la ciudad de Paraná. Tomo la balsa y realizo los últimos 28 Km. hasta finalizar mi primer viaje en la ciudad de Santo Tome. Un total de 350 Km. fue el saldo para mi primer gran viaje.
Una experiencia maravillosa por ser ésta mi primer travesía, algo que nunca olvidaré. Fue el primer paso que me sirvió de mucho para la planificación de otras travesías.
Ulises Luna















