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Cicloturismo

Travesía Cerro Champaquí. Mi tercer viaje en bici. por Ulises Luna

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Fecha de publicación: 05/06/08

La travesía al cerro Champaquí que con sus 2890 metros sobre el nivel del mar es el de mayor altura de la provincia de córdoba. Es la única que hice entre amigos. Fué en semana santa del año 1999.

Salimos de la terminal de Sta Fe en micro hasta la ciudad de Córdoba capital, sin antes pelearnos con los maleteros para que nos carguen las bicis.

Llegamos ese Jueves santo a la madrugada y después de armar todo comenzamos a pedalear. Las ganas de estar entre amigos en la montaña era muy lindo pasamos por Alta Gracia, después Los Reartes, y ya sobre tierra queríamos llegar a La Cumbrecita, pero fuimos directo a Villa Alpina,donde pasamos la primer noche. Uno de los personajes se empezó a quejar de que no daba mas, y nosotros lo alentábamos para que siga pero se ve que estaba muy cansado. Llegamos por la noche, después de un arduo día de pedaleo, dormimos y al amanecer del segundo día emprendimos el ascenso, casi todo con la bici al lado.

Hicimos la ruta tradicional parando en los refugios habituales. Por la tarde cuando llegamos al refugio donde pasaríamos la noche Fernando Aparo nos dice si lo queríamos acompañar a una escuela cercana que una vez le dio alojamiento en medio de una tormenta. Gustoso fuimos y charlamos y estuvimos con los chicos. El Fer tenía una mochila extra en la que todos pensábamos que llevaba parte de su equipo pero la sorpresa fue cuando la abrió y sacó muchos libros que les llevaba de donación para los chicos....y nosotros que nos quejábamos del peso que teníamos, una lección, que nos dio el Fer.

A la noche un gran locro y por la madrugada siguiente el exterior de la carpa congelado. Desarmamos y emprendimos ya con la bici al hombro el trekking hacia la cumbre.

Después de unas cuatro horas llegamos a la cumbre. Debajo nuestro quedaba un piso de nubes...un espectáculo para la vista y otro espectáculo para el corazón.

Después de un rato fuimos hasta el cerro Linderos que se encuentra al lado de la cumbre del Champaquí y comenzamos un impresionante descenso de ripio grueso de 42 kilómetros en el que con Facundo nos separamos del grupo ya que íbamos mucho mas rápido, hasta que en un momento paro para ponerme toda la ropa y guantes a pesar del calor porque tenía miedo de caerme, y unos minutos mas tarde en una curva empiezo a rodar con bici y todo, menos mal que no me hice nada, solo raspones y un pequeño corte en el mentón. Lo que mas lamenté es que la bici era completamente nueva, la había comprado un día antes de salir de Santa Fe y se rayó por todos lados. Después de tranquilizarme un poco seguimos descendiendo y llegamos por fin a Villa Yacanto de Calamuchita, un pueblito muy chiquito de montaña en el que mi instructor de taekwondo tiene una casa y justo estaba allí, por lo que armamos carpa y esa noche fuimos a comer a un bar unas pizzas.

Al medio día siguiente llegamos a Santa Rosa de Calamuchita. Parando al costado del río, era domingo de pascuas. Almorzamos y Alfonso se tomó el micro a Córdoba capital, estaba destruido. Seguimos viaje llegando a Villa General Belgrano. Justo en ese momento paseaba la reina en un carruaje, le pedimos que nos dejara subir y nos sacamos unas cómicas fotos sobre el carruaje y con los cascos ciclistas puestos.

Ahora solo queda llegar a Córdoba. Sólo paramos en un río a darnos un baño ya que nunca nos habíamos bañado. En la ruta parecíamos que íbamos compitiendo, nos turnábamos un rato cada uno para tirar y así fue como levantamos el promedio de velocidad llegando con tiempo como para darnos una vuelta por el shopping y comer algo.

Ya en la terminal desarmamos las bicis y a esperar el micro...

Ulises Luna

 

Travesía Santo Tome - cataratas del Iguazú

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Mi segundo viaje en bici.

En esta oportunidad el desafío es mayor por lo que busqué un lugar con un atractivo paisajístico imponente, y fue así como decidí empezar a organizar y planificar mi travesía hacia las Cataratas de Iguazú, en nuestra hermana provincia de Misiones.

Fecha de publicación: 27/05/28

Con la misma bici que en la primer travesía, pero con algo más de experiencia, y con un mejor equipamiento, ya que un amigo me prestó un par de alforjas traseras y con calzas y solo una chomba de ciclista, empiezo a pedalear un día de Enero.

Mi viejo me escoltó con su motito los primeros Km. hasta llegar a la fuente de la cordialidad (en la salida de la ciudad de Santa Fe). Me dejó una cartita para que lea en algún momento duro. Cosa que se repite en cada uno de mis viajes, la infaltable cartita antes del beso final. El viejo se siente muy orgulloso de que le halla salido un hijo con sus mismos gustos.

A unos pocos km. encuentro a un muchacho con una moto chiquita del año 50 que va también a Cataratas, le indico como tomar el túnel subfluvial y nos despedimos.

Tomo la ruta provincial Nº 1 que es la de la costa, menos transitada y de un paisaje costero de singular belleza, toda rodeada de esteros, bañados lagunas y un vivo color verde típico del verano litoraleño.

Paso por las localidad de Cayastá donde fuera fundada la ciudad de Santa Fe y por la tarde llego a la localidad de San Javier, distante de Sta Fe a unos 175 Km. Paso la noche en una estación de servicio y a la mañana siguiente continúo la marcha.

Llego a Helvecia y ya en la ruta Nº 11 sigo camino hacia Basail. La última población santafesina antes de entrar a la provincia del Chaco.

Al amanecer del siguiente día entro a la provincia del Chaco, un gran cartel me da la bienvenida y sigo pedaleando, esta vez es un desierto, ya que no hay nada de nada hasta Resistencia. Me estaba quedando sin agua y paro en un rancho a pedir pero estaba abandonado, de todos modos tenía adentro unos bidones de donde cargué mis cantimploras.

Mas adelante en un aeroclub también ya sin agua paro y me regalan un bidón con agua helada, no lo podía creer era oro líquido. Y así llego a Resistencia, al medio día y bajo un calor increíble, pero después de comer en una estación de servicios donde se me acercaron todos los camioneros, y me decían que estaba loco, que ellos esperan que baje el sol para cruzarlo en camión, que como lo iba a cruzar solo y en bici.

Ahora cambio el rumbo hacia el este y enseguida paso por el puente Gral. Belgrano que cruza el río Paraná y une a las capitales de Chaco con la de Corrientes.

Se arma una tormenta, pero sigo pedaleando porque ahora tengo viento a favor, hasta que por la tarde llego a la localidad de Itatí. Armo carpa debajo de unos eucaliptos al lado de la estación de servicio y a dormir, cuando me despierto por la lluvia, por lo que corro la carpa debajo de un refugio en la estación, y al después de ir a buscar y acomodar la bici entro ala carpa y me acuesto, pero para mi asombro tenía compañía dentro de mi carpa, y es que había entrado un enorme sapo correntino como se los llama, sin exagerar era grande como un cajón de frutillas...no me daban las patas y las manos para salir de la carpa, una repulsión nunca antes vivida. Levanto la carpa y logro que salga pero me había dejado una sorpresita, una caca grande como la de un gato que tuve que sacar con papel. Todo un asco.

Al día siguiente no pedalee nada por que llovió todo el día pero me quedé descansando y reparando varias cámaras pinchadas.

Al retomar la pedaleada sigo viaje y paso la localidad de Itá Ibaté, Ituzaigó y otras mas.

Y después de varios kilómetros veo un gran pórtico que me indica la entrada a Misiones....”Bienvenido a la tierra colorada”.

El paisaje cambió bruscamente, fue como entrar de golpe a la selva, la humedad, el color de la tierra el aroma de la gran vegetación eran cosas nuevas y muy lindas que estaba aprendiendo a disfrutar. Llego por la tarde a Santa Ana. Donde un hombre me hospeda, dándome lugar para dormir en el jardín de su casa. Ya de noche armo carpa y al día siguiente preparo todo y retomo viaje, a media mañana pregunto y una persona me dice que voy bien, que siga derecho pero la desilusión fue muy grande cuando al medio día llego a una gran rotonda y veo todas las rutas que de ella salían y ningún cartel indicaba a Iguazú por lo que veo para atrás por la ruta que venía y ese era el cartel que decía Iguazú. Lo que pasó es que al empezar a pedalear de noche equivoqué el camino, llegando hasta la mita de misiones errado, me bajaron las fuerzas y a volver por el mismo camino por done vine. Llegué al atardecer y le pedí de nuevo lugar a la misma persona para dormir, todo un día de pedaleo para terminar exactamente en el mismo lugar.

Al día siguiente emprendo mi viaje pasando por las ruinas de San Ignacio, pero como estaba muy retrasado solo le saco una foto de afuera y sigo pedaleando.

De una curva sale una moto, y fue grande el asombro cuando me doy cuenta que era éste cordobés al que le había indicado el camino allá en Sta Fe. Ya regresaba a Córdoba porque ya habían terminado sus vacaciones, y yo ni siquiera había llegado. Charlamos un rato y nos despedimos.

Llego a la localidad de Puerto Rico y una persona se da cuenta que estoy de viaje y me dice que cerca hay un teléfono que, como todos en ese momento funciona a cospeles, pero el asunto es que estaba descompuesto y con una ficha podía hablar la cantidad de tiempo que quisiera, por lo que llame a casa un rato bien largo.

Llego por la noche al Dorado y duermo en el hall de una casa abandonada. Y de nuevo en la ruta bajo agua (desde que entré a Misiones) al medio día se me pone una moto al lado, era el cordobés de nuevo que había ido hasta Posadas, arregló su moto y regresó a buscarme para quedarse un par de días conmigo, todas coincidencias que iría aprendiendo que en una travesía son comunes.

Avanzaba varios km con su moto y mientras esperaba que se enfríe el motor, yo llegaba y así llegamos al Parque Nacional Iguazú. Lo primero que hice al llegar fue dejar la bici y embarcarme para conocer la Garganta del diablo. El estar en ese lugar y el haber llegado después de tanto esfuerzo y solo con las fuerzas de mis piernas fue un logro que voy a recordar por siempre, por ser esta la primer travesía que tiene como objetivo un lugar de significativa importancia.

Recorrimos también todos los circuitos de las Cataratas, es un lugar maravilloso, muy lindo con mucho para recorrer.

Al otro día fui a conocer Puerto Iguazú, Foz de Iguazú (Brasil) y Ciudad del Este (Paraguay), pero no estuve mucho tiempo pues para recorrerlo un poco mejor después iríamos en la moto de Jorge, el cordobés. Esa visita fue descubrir el caos que es Ciudad del Este, un mundo diferente en el que todo es posible. Estuvimos una hora y media en la que me ofrecieron comprar droga once veces.

Esa noche fuimos de nuevo a comer a Brasil ya que por el tipo de cambio nos costaba monedas comer bien. De regreso y como todas las noches que estuvimos en Cataratas dormimos tirados en el piso de un alero de un museo, mientras seguía lloviendo, ya teníamos toda la ropa mojada.

Esa mañana nos despedimos ya que Jorge empieza su camino de regreso, me quedé solo, fui a tirarme desde una cascada, que es el único lugar habilitado en el parque nacional. Nadar y ver entre las rocas las orquídeas en flor fue algo maravilloso.

Llamé luego a casa diciendo que al otro día regresaba en micro, ya que tenía pensado hacerlo en bicicleta pero por la calza, la falta de higiene y el calor hicieron que toda la ingle se me llene de hongos, cosa que percibí ya en Corrientes, y a esta altura tenía la zona en carne viva.

Me tomo el micro y bajo en Santa Fe. ........ Fueron en total ocho días inolvidables con un total de 1200 km recorridos.

Ulises Luna

 

Mi primer viaje en bici. por Ulises Luna

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Durante el mes de Enero de 1995, y ya por cumplir mis 20 años, me preparaba para cursar el primer año del profesorado de educación física.

Fecha de publicación: 23/05/08

Era la primera vez que me proponía realizar una travesía, me había comprado una bici Zenith de aluminio con suspensión delantera. Le pedí a “El Patón” (mi viejo) que me abriera un crédito y así fue como me pude comprar mi primer “máquina”.

No di muchas vueltas con el tema de la organización porque no tenía un mango, la bici no estaba equipada con alforjas ni nada por el estilo, con decir que no tenía ni una calza y el inflador que llevé pesaba una tonelada porque era de esos que son de pié para inflar autos. Sólo era cuestión de pedalear y no quejarse por el dolor del sillín.

Cargué todo en una mochila ... ¡y al hombro!!!!! . Comencé a pedalear hacia la ciudad de Paraná en la provincia de Entre Ríos, distante de Santo Tomé a unos 28 km. Crucé el majestuoso río Paraná por medio de una balsa que se encarga de cruzar camiones de gran porte y de los transportes de combustibles, porque en la zona no hay puentes y el paso vehicular se realiza por el túnel subfluvial Hernandarias.

El cruce es de singular belleza, son según la altura del río unos 30 a 40 minutos de navegación. Al llegar a la costa Entrerriana comencé a pedalear hacia el centro de la ciudad para ver cuál ruta me llevaría a la ciudad de Crespo, encontré la ruta, y después de andar varias horas y pedalear 68Km. llegué a dicha ciudad. En la plaza principal ante la mirada de todos los que pasaban me pegué una refrescada en una canilla, hacía falta refrescar el cuerpo después de tanto calor. Ni tenía protector solar así que pregunté por una farmacia. La farmacéutica se reía cuando le pedí un protector como diciendo que ya era tarde, la verdad es que tenía los brazos ardidos, sufrimiento que se fue acentuando con el correr de los días.

Volví pedaleando hasta la entrada del pueblo, ya entrada la tarde, comí algo y fue cuando se me acercó un campesino que muy amablemente me invitaba a dormir en un galpón, pero no acepté. El amigo era bien del campo porque se quedó admirado con la bici. Pero lo mejor fue cuando me pregunta: ¿tiene tres cambios no es cierto?, no le respondí, tiene 21 y el pobre exclamó: “a!!! .... me estás cachando”!!!!!...con toda su tonada entrerriana que resulta muy graciosa

Así fue como terminó la primera jornada cuando me dispuse a dormir sobre un banco del parque de la entrada. Eran como la cuatro de la mañana cuando una luz muy fuerte sobre mi rostro y la vos de un hombre que me pide documentos me despierta sobresaltado sin saber donde me encontraba. Eran dos policías, me preguntan de donde vengo y no sé por qué les respondí de Coronda (que es una ciudad de Santa Fe que tiene una cárcel bastante grande).

Los tipos habrán pensado que era un prófugo pero después entendieron que me había equivocado. Pero nunca terminaron de entender del todo. Me preguntaron que hacía yo en ese lugar y sólo les respondí que pedaleaba.

A todo esto ya había pasado media hora y los amables policías no se movían de mi lado. Quería dormir, estaba muerto, me terminaron preguntando de todo: mi alimentación, tiempos distancia etc. Me invitaban a dormir en la comisaría pero tampoco acepté.

A la mañana siguiente emprendo mi viaje hacia la próxima ciudad, pero cuando llego me encuentro que Nogoyá es un pueblito muy chico, con una plaza que no tiene mas que un par de pinos y nada por hacer. Como algo, duermo una siesta y sigo viaje. Me había desilusionado bastante porque me imaginaba que sería lindo como Crespo, pero nada que ver.

Llego a la ciudad de Victoria después de dos días de pedaleo. Me alojo en el camping del puerto, pero no tenía ni carpa. Veo llegar a un muchacho sólo y cuando comenzó a armar su carpa le pregunté si me daba lugar para dormir, y muy gustoso me contestó que sí. Ahora me pregunto: por que la gente es tan buena cuando está de campamento y te ofrece todo lo que tiene a cambio de nada, y cuando está en su ámbito a veces es tan egoísta que no te dan ni la hora?. Este nuevo amigo llamado Cristian era de Bs. As., y fue a pasar un fin de semana a esa ciudad. Después de armar el campamento visitamos la ciudad. Es atrayente porque todavía conserva muchas casas con sus rejas de estilo colonial, todas forjadas y muy trabajadas, de hecho el logo de la ciudad es una reja.

En el lugar se vive principalmente de los cereales, y de la pesca, puesto que en el puerto hay gran cantidad de pescadores y acopiadores que a toda hora están descargando de sus canoas y barcos pescado para ser llevados a las cámaras frigoríficas. Los chicos del lugar sólo con una línea y un anzuelo oxidado se entretienen vendiendo pescado que sacan desde la orilla a turistas que con todos sus equipos a veces no pescan nada.

Cristian nunca había probado un sábalo a la parrilla, así que con 0.50 centavos compré uno hermoso y por la noche lo hice a las brasas, nos comimos todo y a dormir.

A la mañana siguiente cuando despertamos nos encontramos que estábamos solos, parecía que un huracán se llevó todo, y muy lejos no estabamos porque un temporal arrasó con todas las carpas que se encontraban en el lugar. Ese día caminamos por la ciudad y nos quedamos bastante tiempo allí en el camping. El clima había cambiado obligándome a arroparme con el poco abrigo que llevaba.

El último día resultaría el más largo en cuanto a kilómetros por pedalear, puesto que tendría que llegar a Santo Tome. Después de saludar y agradecer a Cristian emprendo mi regreso comenzando a pedalear como a las 6 de la mañana. Llego a la ciudad de Diamante. Me refresco en una playa, como algo y después de una hora de descanso sigo viaje.

Llegué a la ciudad de Paraná. Tomo la balsa y realizo los últimos 28 Km. hasta finalizar mi primer viaje en la ciudad de Santo Tome. Un total de 350 Km. fue el saldo para mi primer gran viaje.

Una experiencia maravillosa por ser ésta mi primer travesía, algo que nunca olvidaré. Fue el primer paso que me sirvió de mucho para la planificación de otras travesías.

Ulises Luna

 
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