Mi segundo viaje en bici.
En esta oportunidad el desafío es mayor por lo que busqué un lugar con un atractivo paisajístico imponente, y fue así como decidí empezar a organizar y planificar mi travesía hacia las Cataratas de Iguazú, en nuestra hermana provincia de Misiones.
Fecha de publicación: 27/05/28
Con la misma bici que en la primer travesía, pero con algo más de experiencia, y con un mejor equipamiento, ya que un amigo me prestó un par de alforjas traseras y con calzas y solo una chomba de ciclista, empiezo a pedalear un día de Enero.
Mi viejo me escoltó con su motito los primeros Km. hasta llegar a la fuente de la cordialidad (en la salida de la ciudad de Santa Fe). Me dejó una cartita para que lea en algún momento duro. Cosa que se repite en cada uno de mis viajes, la infaltable cartita antes del beso final. El viejo se siente muy orgulloso de que le halla salido un hijo con sus mismos gustos.
A unos pocos km. encuentro a un muchacho con una moto chiquita del año 50 que va también a Cataratas, le indico como tomar el túnel subfluvial y nos despedimos.
Tomo la ruta provincial Nº 1 que es la de la costa, menos transitada y de un paisaje costero de singular belleza, toda rodeada de esteros, bañados lagunas y un vivo color verde típico del verano litoraleño.
Paso por las localidad de Cayastá donde fuera fundada la ciudad de Santa Fe y por la tarde llego a la localidad de San Javier, distante de Sta Fe a unos 175 Km. Paso la noche en una estación de servicio y a la mañana siguiente continúo la marcha.
Llego a Helvecia y ya en la ruta Nº 11 sigo camino hacia Basail. La última población santafesina antes de entrar a la provincia del Chaco.
Al amanecer del siguiente día entro a la provincia del Chaco, un gran cartel me da la bienvenida y sigo pedaleando, esta vez es un desierto, ya que no hay nada de nada hasta Resistencia. Me estaba quedando sin agua y paro en un rancho a pedir pero estaba abandonado, de todos modos tenía adentro unos bidones de donde cargué mis cantimploras.
Mas adelante en un aeroclub también ya sin agua paro y me regalan un bidón con agua helada, no lo podía creer era oro líquido. Y así llego a Resistencia, al medio día y bajo un calor increíble, pero después de comer en una estación de servicios donde se me acercaron todos los camioneros, y me decían que estaba loco, que ellos esperan que baje el sol para cruzarlo en camión, que como lo iba a cruzar solo y en bici.
Ahora cambio el rumbo hacia el este y enseguida paso por el puente Gral. Belgrano que cruza el río Paraná y une a las capitales de Chaco con la de Corrientes.
Se arma una tormenta, pero sigo pedaleando porque ahora tengo viento a favor, hasta que por la tarde llego a la localidad de Itatí. Armo carpa debajo de unos eucaliptos al lado de la estación de servicio y a dormir, cuando me despierto por la lluvia, por lo que corro la carpa debajo de un refugio en la estación, y al después de ir a buscar y acomodar la bici entro ala carpa y me acuesto, pero para mi asombro tenía compañía dentro de mi carpa, y es que había entrado un enorme sapo correntino como se los llama, sin exagerar era grande como un cajón de frutillas...no me daban las patas y las manos para salir de la carpa, una repulsión nunca antes vivida. Levanto la carpa y logro que salga pero me había dejado una sorpresita, una caca grande como la de un gato que tuve que sacar con papel. Todo un asco.
Al día siguiente no pedalee nada por que llovió todo el día pero me quedé descansando y reparando varias cámaras pinchadas.
Al retomar la pedaleada sigo viaje y paso la localidad de Itá Ibaté, Ituzaigó y otras mas.
Y después de varios kilómetros veo un gran pórtico que me indica la entrada a Misiones....”Bienvenido a la tierra colorada”.
El paisaje cambió bruscamente, fue como entrar de golpe a la selva, la humedad, el color de la tierra el aroma de la gran vegetación eran cosas nuevas y muy lindas que estaba aprendiendo a disfrutar. Llego por la tarde a Santa Ana. Donde un hombre me hospeda, dándome lugar para dormir en el jardín de su casa. Ya de noche armo carpa y al día siguiente preparo todo y retomo viaje, a media mañana pregunto y una persona me dice que voy bien, que siga derecho pero la desilusión fue muy grande cuando al medio día llego a una gran rotonda y veo todas las rutas que de ella salían y ningún cartel indicaba a Iguazú por lo que veo para atrás por la ruta que venía y ese era el cartel que decía Iguazú. Lo que pasó es que al empezar a pedalear de noche equivoqué el camino, llegando hasta la mita de misiones errado, me bajaron las fuerzas y a volver por el mismo camino por done vine. Llegué al atardecer y le pedí de nuevo lugar a la misma persona para dormir, todo un día de pedaleo para terminar exactamente en el mismo lugar.
Al día siguiente emprendo mi viaje pasando por las ruinas de San Ignacio, pero como estaba muy retrasado solo le saco una foto de afuera y sigo pedaleando.
De una curva sale una moto, y fue grande el asombro cuando me doy cuenta que era éste cordobés al que le había indicado el camino allá en Sta Fe. Ya regresaba a Córdoba porque ya habían terminado sus vacaciones, y yo ni siquiera había llegado. Charlamos un rato y nos despedimos.
Llego a la localidad de Puerto Rico y una persona se da cuenta que estoy de viaje y me dice que cerca hay un teléfono que, como todos en ese momento funciona a cospeles, pero el asunto es que estaba descompuesto y con una ficha podía hablar la cantidad de tiempo que quisiera, por lo que llame a casa un rato bien largo.
Llego por la noche al Dorado y duermo en el hall de una casa abandonada. Y de nuevo en la ruta bajo agua (desde que entré a Misiones) al medio día se me pone una moto al lado, era el cordobés de nuevo que había ido hasta Posadas, arregló su moto y regresó a buscarme para quedarse un par de días conmigo, todas coincidencias que iría aprendiendo que en una travesía son comunes.
Avanzaba varios km con su moto y mientras esperaba que se enfríe el motor, yo llegaba y así llegamos al Parque Nacional Iguazú. Lo primero que hice al llegar fue dejar la bici y embarcarme para conocer la Garganta del diablo. El estar en ese lugar y el haber llegado después de tanto esfuerzo y solo con las fuerzas de mis piernas fue un logro que voy a recordar por siempre, por ser esta la primer travesía que tiene como objetivo un lugar de significativa importancia.
Recorrimos también todos los circuitos de las Cataratas, es un lugar maravilloso, muy lindo con mucho para recorrer.
Al otro día fui a conocer Puerto Iguazú, Foz de Iguazú (Brasil) y Ciudad del Este (Paraguay), pero no estuve mucho tiempo pues para recorrerlo un poco mejor después iríamos en la moto de Jorge, el cordobés. Esa visita fue descubrir el caos que es Ciudad del Este, un mundo diferente en el que todo es posible. Estuvimos una hora y media en la que me ofrecieron comprar droga once veces.
Esa noche fuimos de nuevo a comer a Brasil ya que por el tipo de cambio nos costaba monedas comer bien. De regreso y como todas las noches que estuvimos en Cataratas dormimos tirados en el piso de un alero de un museo, mientras seguía lloviendo, ya teníamos toda la ropa mojada.
Esa mañana nos despedimos ya que Jorge empieza su camino de regreso, me quedé solo, fui a tirarme desde una cascada, que es el único lugar habilitado en el parque nacional. Nadar y ver entre las rocas las orquídeas en flor fue algo maravilloso.
Llamé luego a casa diciendo que al otro día regresaba en micro, ya que tenía pensado hacerlo en bicicleta pero por la calza, la falta de higiene y el calor hicieron que toda la ingle se me llene de hongos, cosa que percibí ya en Corrientes, y a esta altura tenía la zona en carne viva.
Me tomo el micro y bajo en Santa Fe. ........ Fueron en total ocho días inolvidables con un total de 1200 km recorridos.
Ulises Luna