Enviamos un nuevo reporte, el número 15.
El equipo se encuentra en franco descenso desde el Campamento Base, desde hace 1 día y con rumbo a Lukla, poblado a 2.600 mts donde preveen llegar dentro de 2 días aproximadamente.Por su parte, el sexto integrante y Director, Fancisco Minieri Saint-Béat, tomó hoy su vuelo de regreso a Buenos Aires desde Bariloche y ya preparando la llegada del equipo barilochense, estimada para el 7 de Junio.
Tambien hoy Minieri recibió desde el Himalaya, "lo que parece un cuento ó un sueño" según dijo.
"Pero es la circunstancia la que pone a prueba la realidad ó no de las cosas. En este caso la circunstancia habla por si sola", concluyó Minieri Saint-Béat.
Esta es la crónica, de la experiencia de la Comisión de Auxilio del Club Andino Bariloche, en el marco de la Expedición Argentina Everest 2010 (CAB-FASA)
Un saludo
Coordinador de Contenidos
Acaxa Argentina Srl
Media & Sponsor de la Expedición
Rescates en el Everest por argentinos
24 de Mayo: luego de una intensa mañana levantando el campamento 4 a 8000 metros de altitud, comenzamos el descenso a las 9 hs., todos muy cargados en nuestras espaldas, hacia el campo 2 a 6400 metros. El largo y duro descenso atravesando el Espolón de los Ginebrinos, la Banda Amarilla y la inclinada y expuesta pared del Lhotse llegamos por fin al Campamento 2 a las 12 del mediodía. Aún no habíamos terminado de "desensillar" nuestras mochilas y cuando nos disponíamos a almorzar recibimos un pedido de auxilio: el mensaje decía que un sherpa había caído en una grieta en el trayecto entre la rimaya de la pared del Lhotse y el Campamento 2, a no más de 20 minutos de distancia. Rápidamente nos organizamos y buscamos el material necesario para la evacuación y el tratamiento. Afortunadamente, mientras Willie, Damián, Charly, Matoco y Ramón se trasladaban al lugar se encontraron con que la víctima estaba siendo evacuada por otros sherpas. Ya en el campamento realizaron una completa evaluación del sherpa, quien finalmente resultó que no había caído en una grieta, sino que había colapsado por agotamiento. Confirmado el diagnóstico y dadas las recomendaciones, el sherpa quedó al cuidado de sus compañeros.
24 de mayo: no habían pasado 30 minutos de nuestro regreso a la carpa y mientras nos servíamos unos merecidos fideos con salsa, recibimos por radio otro pedido de auxilio. No podíamos creer que fuera verdad y durante unos minutos tuvimos la esperanza que fuera un error y que aún se tratara del sherpa que acabábamos de ver. Con el correr de los minutos, si bien la información era muy confusa, logramos entender que una escaladora española había caído en una profunda grieta sobre la parte más alta de la Cascada de Hielo. Otra vez frenéticos preparativos. Luego de una
intensa organización decidimos que saldrían para abajo un equipo de 6 personas entre las que estaban Willie, Matoco y Ramón. Damián se quedó en el Campamento 2 para coordinar las comunicaciones. Con las espaldas cargadas de equipo y el cuerpo de cansancio partimos hacia la Cascada. Incluso debimos cargar un par de escaleras de aluminio porque la información decía que habían aparecido varias nuevas grietas en el trayecto. Una hora y media más tarde alcanzamos el lugar donde estaba Eva, la escaladora española. Se había derrumbado un puente de hielo que estaba atravesando y cayó 30 metros hasta al fondo de la grieta. Inicialmente fue trasladada hasta un lugar relativamente seguro por unos sherpas. El rescate fue muy delicado y peligroso. Estábamos debajo de una pared inestable de más de 20 metros. Willie la cargó en su espalda y cruzó con ella una escalera inclinada sobre una profunda grieta, mientras Matoco y el resto del equipo organizaban el rescate con cuerdas por las cuáles fue subida hasta una superficie plana y segura. Ramón realizó una completa evaluación: luego de la caída, Eva había perdido el conocimiento por unos minutos; además tenía lesiones en rodilla, codo, dolor intenso en región lumbar, y fractura de base de cráneo. Mientras tanto se hizo la noche. Armamos una carpa y se quedaron Willie y Ramón con Eva y los demás debieron bajar al Campamento Base. Debido a la inestabilidad y peligro que representaba realizar un rescate de muchas horas a través de la Cascada de Hielo se hicieron tratativas para intentar realizar la evacuación en helicóptero. Fue una larguísima y fría noche. Eva se mantuvo estable y finalmente a las 7 de la mañana, con buen tiempo, en una delicada maniobra, el piloto mantuvo la estabilidad del helicóptero mientras Eva era introducida en la máquina y finalmente evacuada hacia Katmandu. Estábamos a 6000 metros de altitud. Fue uno de los primeros rescates en helicóptero por encima del Campamento Base en la historia del Everest.

Por ahora, la foto de cumbre y un agradecimiento muy especial a quienes hicieron posible que esta bandera este en lo mas alto del mundo: el montañista y Director, Francisco Minieri Saint-Béat con el invalorable apoyo de los empresarios Goyo Zidar, Diego Fenoglio, Juan Carlos Ayala y las empresas Laboratorios Rontag, Banco Hipotecario, Chocolates Mamushka, Chocolates Rapanui e Indumentarias Makalu.
Esta Expedición fue organizada y llevada a cabo por el Club Andino Bariloche, para todos los argentinos.
Sin palabras, solo disfrutable, en el día del Bicentenario
Agradecemos muy sinceramente a todos los medios por el eco de estos reconocimientos, así como por todo el seguimiento desde el lanzamiento de la Expedición hace 15 meses.
El descenso a los 6.400 mts (altura de este campamento) se hizo en con extrema precaución, para minimizar errores producto del cansancio.
En inmediaciones del mismo, informaron con una comunicación telefónica que participaron de un rescate. El hecho ocurrió con una mujer de una expedición extranjera, quien al parecer habría sufrido una lesión ó un accidente en una grieta, dato que no pudieron precisar.
Recordamos que los integrantes de esta Expedición, son miembros de la Comisión de Auxilio del histórico Club Andino Bariloche, cuya experiencia se volcó en el rescate, de la mano del aporte profesional de Ramón Chiocconi, médico de la Expedición Argentina.
Toda la información de la Expedición y curriculums de los 6 miembros, puede verse en el portal oficial que se encuentra on line desde mediados del años 2009. www.everest2010.com.ar

El sexto integrante y director, Francisco Minieri Saint-Béat, aún permanece en Bariloche a la espera de novedades, como todos los familiares y amigos. Comunicó que se siente conforme con lo hecho por el equipo, pero solo estará tranquilo cuando reciba la noticia que están todos en el campamento base, estimando que será mañana 25/5. En horas de la mañana y en comunicación con varias radios nacionales comentó su alegría por este logro. "Creo que cuando vuelvan los muchachos, conversaremos bastante. Me gustaría convocarlos para armar una Escuela Argentina de Montaña, donde todos los chicos de la Argentina, puedan perseguir nobles ideales en contacto con la naturaleza y las montañas que tenemos. Ideas hay muchas, solo se concretan dando pasos de a uno en el rumbo correcto y superando adversidades, como hicieron ellos para estar a 8.848 mts", concluyó.
Agregó que el equipo en el Everest, descansará un par de días, para luego, desandar el trayecto hasta Katmandu, lugar en el que preveen embarcar en el vuelo internacional rumbo a Argentina, previsto para el 5 de Junio.
Por su parte el Club Andino Bariloche, se sumará a los festejos del Bicentenario en el desfile de su ciudad y participando en el mismo con un banner de dimensiones importantes, el cual muestra una foto del Everest con la bandera nacional y los miembros de la Expedición Argentina Everest 2010.
En una comunicación telefónica desde la cumbre por radio a la base del Everest se confirmó la noticia, la cual llegó por un llamado telefónico a donde estaban reunidos todos los familiares y amigos del equipo.
A casi 15 meses de su anuncio oficial y durante la misma semana de los festejos del Bicentenario argentino, los 5 integrantes de ataque de cumbre, Ramón Chiocconi, Marcelo Deza, Charly Galosi, Alvar Puente y Leonardo "Cuny" Proverbio permanecieron cerca de una hora en la cumbre del Everest desde las 8:20 hs (hora Nepal) del día 23 de Mayo, sosteniendo la bandera Argentina y la del Club Andino Bariloche. Junto a ellos los hermanos argentinos Damian y Willy Benegas, soporte y logística fundamental para el éxito de la expedición.
De esta manera se corona el proyecto, colocando por primera vez un equipo integralmente argentino en la cumbre del Everest, en una expedición institucional.
Por su parte el Director de la Expedición Francisco Minieri Saint-Béat, se mostró muy emocionado al recibir la noticia en Bariloche, lugar al que se trasladó el día Sábado 22/5 para esperar tan preciado momento.
En un comunicado dijo "Es un momento especial en lo personal, pero sin dudas para el montañismo argentino, dado que hace muchísimo tiempo no se lograba una expedición oficial en el Himalaya. Esta vez le tocó a los miembros del Club Andino Bariloche y con el aval de la Federación Argentina de Ski y Andinismo, llegar a la cumbre más alta del mundo en otro homenaje a nuestra querida Nación, como una muestra mas de unión entre todos los argentinos. Ojalá esto potencie otras expediciones que quieran lograr otros proyectos en la montaña, trabajando tan duro como lo hizo este equipo para lograr que esta expedición se concretara."
El telefono saltelital no logró la comunicación desde la cumbre ni el envío de la foto con la bandera Argentina, la cual se espra con ansias verdaderas por todos.
Tambien se esperan en las próximas horas, novedades sobre el retorno al Campo Base y retorno a Argentina de todo el equipo.
Argentina, feliz Bicentenario, desde la cumbre del Everest!
Los pronósticos del clima son cambiantes pero mantienen la expectativa de alcanzar la cumbre en las próximas 48 a 72 hs.

"Desde el último plan, hemos corrido todo un día más, previendo como posible estar mañana en el Campamento 4 y el día 23 en la mañana (día Sábado 22 en la noche Argentina), estar tocando el techo del mundo. Pero todos estos planes pueden sufrir modificaciones. Tampoco queremos generar expectativas ya que estamos chequeando minuto a minuto la meteorología, ni sabemos si podremos informar instantaneamente", dijo el jefe de Expedición, Ramón Chiocconi.
En la misma comunicación con el equipo, comentaron que, "Estamos los 5 muy bien, muy animados y motivados junto a otros argentinos, con quienes queremos compartir el intento a la cumbre en una fecha tan especial para nuestro pais. Esto es parte tambien de lo que quería Francisco".
Recordemos que la Expedición Argentina Everest 2010, se planeó durante casi 2 años en todas sus áreas, desde lo técnico, el entrenamiento y hasta en lo administrativo. Pero solo fue confirmada cuando el montañista y Director de la Expedición, Francisco Minieri Saint-Béat coronó casi la totalidad de la financiación del proyecto, acompañado por su firma Laboratorios Rontag y el invalorable apoyo de Banco Hipotecario, Chocolates Mamushka, Rapanui, indumentarias Makalu y la gestión y colaboración de Viajes Dannemann.
En una comunicación de hoy en la mañana desde Buenos Aires, Francisco Minieri comentaba, "estuve con planes de volver al campamento base del Everest para esperar al equipo, pero temas profesionales me lo impiden, siendo un viaje tan largo. Estimando que el Sábado por la noche es posible estén en la cumbre, tengo muchísimas ganas viajar a Bariloche ese mismo día y sentarme sereno frente a alguna montaña ó el Nahuel Huapi, a esperar noticias del proyecto que siempe soñé cumplir".

Tambien se hizo conocer la increible experiencia de hacer un Curso/Entrenamiento de Rescate y Medicina de Montaña en el glaciar Khumbu en la base del Everest. En palabras de Chiocconi, "La iniciativa y convocatoria nació de los hermanos Benegas, Damián y Willie, quienes desde hace ya varios años trabajan en el Everest como guías y tienen con los sherpas una estrecha relación. El objetivo fue transmitir nuestras variadas experiencias obtenidas en la Comisión de Auxilio del CAB, en el Aconcagua y en el Himalaya. La convocatoria reunió más de 40 sherpas de casi todas las empresas que trabajan en esta montaña. También participaron los médicos de la clínica del campo base, entre ellos Peter Hacket, uno de los referentes mundiales en la medicina de montaña", concluyó, confirmando que se dictaron en forma teórica/práctica rescates en grieta y temas que son causa frecuente de problemas en la montaña: hipotermia, congelaciones, deshidratación, edema pulmonar y cerebral, ceguera de las nieves y lesiones traumáticas..
Momentos finales para la Expedición Argentina Everest 2010 - (CAB-FASA) en el Himalaya, a la que se suman varios argentinos como los hermanos Benegas, quienes han brindado un soporte logístico muy importante para que la Expedición Argentina este logrando este proyecto.
Luego de llegar al campo 4 el 22 de Mayo, descansaremos toda la tarde, prepararemos agua líquida, comeremos lo que nuestro organismo acepte y descansaremos unas horas hasta las 21 hs aproximadamente, que es la hora que el jefe definió como salida estimativa hacia la cumbre. Caminaremos durante toda la noche con linternas ya por terreno
desconocido para todos,a una altura donde se debe estar poco tiempo. Calculamos demorarnos unas 9 hs para superar la cumbre sur, el escalón Hillary y sumado a los casi 900 mts que dividen el Collado Sur y la cumbre principal donde estimamos llegar a las 7:00 de la mañana del 23 de Mayo o sea a las 22 hs del 22 de Mayo hora Argentina; ese es el plan, veremos si lo podemos cumplir, obviamente que no todo depende de nosotros y pueden haber modificaciones, ya sea como salir más tarde o más temprano hacia arriba o también cambiar de fecha la ascensión para el 24 de Mayo El objetivo es llegar los 5 juntos, no dividirnos en ningún momento hasta estar de regreso por la tarde en el campo 2. Ramón planteo hacer un trabajo en conjunto, lo llamamos "paquete de pastillas" todos para uno.......... Así podremos atender a nuestra necesidades, ver como estamos entre nosotros, si se da alguna situación poder estar juntos para resolverla, manejar el mismo ritmo los 5 para poder "tirar" todos a la vez y que el que tenga fuerza extra la aporte para el team. También debemos evitar los cuellos de botella que a veces se generan en los pasos técnicos como puede ser el escalón Hillary así como intentar mantener nuestro ritmo y no acoplarnos al de otra expediciones.
Las cuestiones técnicas ya están acomodadas, los campos de altura listos, los porteos ya se realizaron con anterioridad. Ahora a recargar la baterías de la radios, cámaras y linternas, preparar los detalles finales para que no falle el abrigo, la hidratación la máscaras de O2, los reguladorcitos y la comunicación satelital entre otras cosas. Lo que se vive es como la previa de un partido del mundial donde juega Argentina, faltan pocas horas para comenzar a vivir la ascensión, serán pocos días en relación a la gran cantidad de semanas de preparación que han pasado, serán horas de sacrificio físico donde lo vamos a dar todo.
Cada uno de nosotros está muy bien, ya aclimataditos, bien comidos, algunos de los chicos dicen que bajaron de peso, pero a todos se los ve fuertes como el vinagre. Yo en lo personal subí casi dos kilos lo que me hace sentir muy bien, descansado, entero, como que en estos días de relax sentí que cada músculo se recargó de un nuevo glucógeno para ser transformado en energía allá arriba; sensaciones parecidas a las instancias previas de las carreras de aventura importantes.

Por otro lado estamos muy bien de ánimo, agradecidos de poder estar disfrutando en Nepal de estos momentos, de a ratos se extrañan los afecto que están por Bari; las familias, los amigos y los asados, pero ya falta poco para el regreso a casa y poder reunirse a compartir lo vivido por acá.
Una motivación extra fue la visita que recibimos en el Campo Base de algunos amigos de Bariloche; Guillermno y Sandra y el grupo del CAB formado por Corina, Miguel, Omar, Werner y Helga, además de los regalitos de nuestros familiares, nos dejaron unas recomendaciones de experimentados andinistas para los próximos días.
Desde ya gracias a todos los barilochenses que se acuerdan de nosotros, que nos mandan mensajes para desearnos lo mejor...muchas gracias!, los vamos a tener presentes cuando subamos. Ahí vamos! con el espíritu de los de Bariloche y el CAB a intentar llegar a lo más alto.
El próximo reporte lo realizaremos luego del intento cerca del 25 de Mayo una vez que estemos en el Campamento base nuevamente.
Un saludo Argentna.
Tras el primer ciclo de aclimatación en el que habíamos tenido la oportunidad de participar de las tareas de fijado de cuerdas en la pared Lhotse y por la que el Topo y yo nos quedamos una gélida noche màs a 6400 mts, la bajada fue un tanto agónica a causa de la tos del Khumbu, que no nos dejó dormir, y de las bajas temperaturas a las que nos sometió la montaña. El precio de la falta de descanso se paga carísimo y transitamos lentamente la cascada de seracs, cansados y deshidratados. Finalmente un mediodía helado nos recibió en el base y una tarde de sociales varias nos fueron alejando del cansancio. Por si el padecimiento recibido por el Topo en el descenso del campamento 2 esa mañana no hubiera sido suficiente, uno de los peores temores previos a la expedición hizo acto de presencia, un fuerte dolor de muelas le desfiguró el rostro por unas horas hasta que los calmantes hicieron efecto, otra prueba de fuego que le toco superar.
El primer día de descanso nos recibió con 10 cms. de nieve nueva sobre las carpas, algunas de las tareas cotidianas se ven postergadas y se le presta especial atención al tema comunicación, que nos viene trayendo ciertos problemas; reportes, bajado de fotos y filmaciones, ocupan la tarde de Charly y Cuny, Ramón cumple con la intelectualidad absorto en la lectura. Otro cambio en la dinámica del campamento es la llegada de Mara, quien asume las tareas de coordinación logística del campamento, contratada por los Benegas y venida especialmente de los EEUU.
Sin éxito alguno con ambos teléfonos satelitales descompuestos llegada la noche nos dedicamos a la opípara tarea de comer salamines de Tandil y quesos pampeanos traídos por Leo McLean, el cliente argentino de los Benegas, un sibarita traído de otro tiempo. La noche avanza, las visitas aparecen con el olor a embutido y la reunión cosmopolita marca otro hito en el base. La música resuena alto, "la Tienda Comedor de los argentinos es la única que parece desplegar alegría en el campamento base" comenta Simone Moro en un chapurreado castellano.
La ausencia de comunicación obliga a bajar a Gorak Chep, a una hora del campamento, a algunos de los chicos, con el fin de enviar fotos y nuevas a las familias. Los que nos quedamos tenemos múltiples quehaceres, cualquiera pensaría que el campo base es un lugar de recreo y ocio... nada más alejado de la realidad, naturalmente se reparten tareas y no es bueno dejar que se acumulen. Las cuestiones técnicas atraen nuestra atención, las reparaciones electrónicas están a la orden del día y con el escaso tiempo que me queda alcanzo a lavar la ropa. Cuando salimos de Argentina tuvimos la previsión de llenar un disco rígido de estrenos cinematográficos con la esperanza de llenar los huecos de tiempo libre con ocio fílmico, otra idea preconcebida lejana a la realidad, a esta altura del viaje solo tuvimos tiempo de ver dos de ellas.
Las jornadas pasan indefectiblemente, entre el frío vespertino, que usualmente trae alguna nevada que con el sol matutino de la siguiente jornada se lava y va deformando lentamente el suelo del glaciar sobre el que están instaladas nuestras carpas, y las increíblemente bajas temperaturas nocturnas. La mañana del tercer día nos trae una visita inesperada, un joven aventurero argentino de nombre Leo, flaco, alto, tez morena y aspecto de llevar mucho tiempo en la huella del viajero. Su conversación es cautivantemente amena y nuestra actitud, que al principio es reticente, se va ablandando lentamente ante tal despliegue de alegría y familiaridad. Muchos meses trabajando en Europa para poder costearse un viaje que lo llevó por Siberia, Mongolia, China, India, Tíbet y finalmente Nepal, donde a su paso por Katmandú y chequeando algún diario digital argentino se encontró con la existencia de un grupo de compatriotas queriendo ascender el monte Everest. Según sus palabras, inmediatamente descartó su trekking a los Anapurnas y agendò un pasaje de bus hacia vaya a saber qué pueblito desde el que con escasa ropa y comida comenzó su periplo de 12 días en nuestra búsqueda. Nunca se imaginó la posibilidad de llegar a nuestro base y que no estuviéramos ahí. Arribó a nuestro campamento con gran ansiedad tras preguntar en varios acampes previos y no obtener ninguna respuesta positiva, sumado a esto el hecho de que entre la entrada al campo base y la ubicación de nuestras tiendas hay más de 15 minutos de caminata entre decenas de carpas de colores.
Las horas pasan y a medida que avanza la jornada hacia el mediodía nos damos cuenta de que quien màs quien menos abandonó sus rutinas y con entradas y salidas de la tienda comedor hemos ido pasando la mañana charlando con Leo, quien se ha convertido en una buena excusa para un verdadero descanso. Se queda a almorzar y entre charlas y mates las primeras horas de la tarde lo sorprenden con una nueva nevada por lo que se ve obligado a huir despavorido a Gorak Chep, por su carencia de indumentaria idónea, con la promesa de regresar al día siguiente.
Por la tarde las actividades y preparativos para la tercera etapa de aclimatación convierten nuestro campamento en un hervidero, en dos días está planificado arrancar nuevamente a tierras altas, en este caso con el objetivo de superar los 7000 mts, tocar el campo 3 y de ser posible comenzar el aprovisionamiento del mismo. Las dudas sobre el pronóstico climático, ya que la nevada arrecia sin parar, no detienen las tareas de armado de viandas para el campo 3 y el 4, chequeo de baterías y últimas tareas de mantenimiento. Finalmente la noche llega con un tapiz de 5 cms. de nieve sobre el campamento, algo que ya no nos sorprende pero no deja de resultar una incomodidad.
Una nueva mañana soleada y frìa despierta como todos los días a nuestro grupo, en esta ocasión un poco remolón y fiacoso, a eso de las 7'45, síntoma de que la aclimatación mejora día a día. En mi caso en particular con el feliz descubrimiento del maravilloso uso de la botella de agua caliente en los pies; hace casi un mes que estamos aquí y soy el último en poner en práctica lo de llenar el nalgene de "tato pani" (agua caliente) antes de irme a acostar y mantener los pies alejados de la mordida del frio. Para nuestra sorpresa Leo está ya en el campamento a tempranas horas, tal es su deseo de charlar con argentinos, cosa que no hace desde hace 3 o 4 meses, cuando se cruzó con alguno a principios de su viaje por Siberia. Patrón de actividades parecido al día anterior, aunque con la variación que traen las novedades desde Namche Bazar. Nuestro Mentor, Francisco Minieri, quien estaba hace varios días en camino al base con la intención de visitarnos, se ve obligado a acortar su viaje y planea contratar un helicóptero hasta Gorak Chep para venir a nuestro encuentro, lo cual cambia nuestros planes de salir hacia el campo 1 al día siguiente y nos pone en el compromiso de estar a las 7 de la mañana en la vecina villa. Este cambio de planes nos obligara a ir directamente hasta el campo 2 ya que el resto del grupo de los Benegas no modificará sus planes, pero por otro lado nos dará mas tiempo para ultimar preparativos y descansar un poco màs aunque tengamos que caminar unas horas y nos toque hacer un porteo aprovechando nuestro viaje valle abajo.
La última jornada de descanso en el base nos encuentra madrugando tardíamente y saliendo a las corridas camino a Gorak Chep, ya que a esta altura hasta los relojes despertadores aprovechan al máximo cuando el sueño llega profundamente. Con escasos minutos de anticipación al aterrizaje del helicóptero llegamos al vecino caserío, asentado ya fuera del glaciar del Khumbu, lo suficiente para reunir el dispersado grupito de cinco que salió una hora antes a las apuradas. La aeronave dio una vuelta sobre el base y volvió a los pocos minutos para aterrizar frente a nuestros ojos, levantando una tromba de nieve y arena. Francisco y Adrianne descendieron con una enorme sonrisa, probablemente provocada por la oportunidad única de sobrevolar el Everest en una diáfana mañana de primavera. Abrazos, fotos, puesta al día, buenos augurios, descargado del algunos bultos y así como llegaron se fueron, dejándonos con una extraña sensación de desarraigo. La visita obligatoriamente debía ser corta, principalmente por dos razones: la falta de aclimatación los forzaría, en caso de quedarse màs tiempo, a utilizar oxigeno (cosa prevista y para la que habíamos acarreado una botella desde el base), y por otra parte el rápido ascenso de temperatura en el valle cuando el sol arrecia hace màs liviano el aire y a estas alturas la sustentación del helicóptero disminuye radicalmente con el paso de los minutos. Volar a esta altura sigue siendo una proeza y ningún piloto tomaría riesgos por un vuelo privado para realizar una visita. Calculo que para Francisco, Director de la expedición, su objetivo se cumplió a la perfección, vernos a todos en buen estado y motivados.
Nos quedamos en Gorak Chep tomando unos tés con limón junto a Leo y extendiendo la charla por tercer día consecutivo. La voluntad de fierro de este viajero lo hizo madrugar para subir el cerro Kalapatar y cuando vio llegar el helicóptero bajó a las corridas, con tanta puntualidad que se convirtió en nuestro fotógrafo durante la visita de nuestro Director. Tras varios litros de brebaje finalmente cada uno toma su camino, nosotros con nuestras cargas de picoteo bajadas del helicóptero hacia el base nuevamente y él con su magra mochila hacia Katmandú y de ahí vaya uno a saber en qué dirección.
El mediodía, Babu Ram (jefe de campamento) y el resto de su staff nos recibieron con una abundante comida, nos cuidan como una gran familia. Nuestro hogar parece un poco vacío con la ausencia del grupo de los Benegas, que a estas alturas del día ya están instalados en el campo 1. La tarde se pasa entre mates y preparativos, estamos todos un poco ansiosos por el comienzo de una nueva etapa, la ultima de aclimatación si todo sale bien, que nos expondrá a la mayor altura (7200 msnm) de esta montaña en la que permaneceremos sin oxigeno, un importante reto físico y mental para todos, que nunca hemos experimentado esta sensación, ni estas alturas.
En un grupo de cinco amigos las discusiones son una cosa constante, en ciertas ocasiones hasta se convierte en un modo habitual de decidir los futuros planes, un modo conflictivo pero a fin de cuentas democrático. La discusión del horario de partida no es trivial, si arrancamos demasiado temprano la exposición al frío nocturno durante muchas horas hará mella en nuestros cuerpos, si salimos demasiado tarde nos tocará someternos a los alrededor de 40º C en el Valle del Silencio, cosa igualmente negativa para el físico. Sabemos que no todos caminamos al mismo ritmo y que la cascada de seracs probablemente haya cambiado desde la última vez que la transitamos, por lo que se hace difícil especular en tiempos y horarios. Finalmente nos levantamos a las 5 de la mañana con la intención de partir a las 6, todo se retrasa un poco y en distintos momentos al final estamos todos en el glaciar a eso de las 6'30, poco antes de la salida del sol.
Las mochilas van bastante cargadas, cada uno lleva al campo 2 parte de la comida que utilizaremos en la próxima etapa, el ataque a cumbre, en el campo 3, además del equipo personal y el resto de las cosas que nos harán falta de aquí en adelante en la parte alta de la montaña. La idea es llevar ahora lo más posible aprovechando que tendremos días de descanso en el campamento 2, para no tener que hacerlo una vez que emprendamos el asalto a los 8848. El frío cala los huesos en una húmeda mañana, a esta altura la tos es una constante del grupo y el avance es más lento de lo esperado, en parte por el peso, en parte porque la aclimatación no está finalizada y los cuerpos todavía sienten la carencia de oxígeno como algo extraño. La cascada, aunque un terreno más natural para nosotros, no deja de ser un laberinto de gigantescos bloques de hielo que estorban nuestro avance, así como los grupo de otras expediciones que avanzan más lentamente que nosotros.
A eso de las 11 de la mañana el sol arrecia de un modo casi insoportable, ojalá que la dinámica climática fuera distinta ya que la deshidratación se convierte en una espada de Damocles constante en estas condiciones. Descanso obligado en el campo 1 y reagrupamiento, la montaña se aquieta con la hora de peor calor, después nos enteraremos de que adentro de la carpa, a la sombra, el termómetro llegó a marcar ese día 37º C, y en el Valle del Silencio no hay ni un mm de sombra para guarecerse. Las ganas de tirar la mochila en el campamento 2 son más fuertes que la preocupación por el calor, por lo que finalmente enfrentamos la nieve metamorfoseada del Khumbu, las inseguras escaleras de aluminio y el desafiante calor. La batalla contra la deshidratación sólo se gana cuando tras varias horas de sufrimiento llegamos al campamento 2 y protegidos del calcinante sol logramos beber sin pausa un par de litros de té. La única alegría del trayecto entre campamentos es el hallazgo de una botella de oxígeno de los años 60 por parte de Charly en la búsqueda de un atajo entre los bloques de la entrada al campo 2.
La tarde transcurre plácidamente escuchando música en el 8Domme colectivo, picoteando y descansando. Los planes de descanso para el día siguiente relajan al grupo y la noche llega helada e intempestiva como es de esperar, cena frugal y en búsqueda de un merecido descanso, mas de 1000 mts de desnivel, una cascada de seracs y casi 40ºC dejan al equipo argentino fuera de combate.
El segundo día en el campo 2 promete una actividad bastante inesperada, recolectar basura en los alrededores, la cual no solo abunda sino también exhibe el lento pero constante deterioro y vejación que sufre esta montaña, la cenicienta de las expediciones comerciales. El campamento está instalado en una corta morrena lateral en la base misma de la pared del Everest, que aparentemente no se mueve desde hace muchos años, por lo que la acumulación de deshechos ha ido en aumento incesantemente, la idea general es que el glaciar se lo come todo, desde botellas de oxígeno hasta cuerpos, nuestro aporte es de por lo menos dejar limpios 50 mts a la redonda, no es mucho pero cambia radicalmente el aspecto de los alrededores. Con al paso de las horas el cansancio del día previo va desapareciendo de nuestros rostros aunque sabemos que el cuerpo no se recupera tan rápidamente.
Cuando el domo se llena de gente y el calor humano hace soportable el frío la música del I-touch es un antídoto para solitarios, desde los Gypsy Kings, pasando por Nena y sus 99 globos, Queen, Bob Marley, Pretenders, Jason Mars, the Police, U2,Los Abuelos de la Nada, Snow Patrol hasta The Beach Boys y Ceedence. En cierto momento de la noche la pequeña comunidad del campamento 2 recibe una andanada de hits, a través de los handys retransmite Radio Argentina en su frecuencia modulada estereofónica llegando las ondas hasta el campo base. Finalmente el rugir de los pequeños parlantes, que por momentos lleva al domo a la denominación de discoteca, se ve superado por el cansancio y todos nos vamos a dormir.
A eso de las 5 de la mañana el toque de diana se ve postergado, el plan original de hacer el primer viaje al campo 3 se cancela radicalmente a los gritos de carpa a carpa por la presencia de 15 cms de nieve nueva y las imponentes ráfagas de viento. Cada uno se va levantando a su ritmo y en las inmediaciones se percibe esa sensación de gran nevada que ocurre una o dos veces por invierno en la que se sabe que el tiempo se detiene y nadie saldrá de sus casas, solo los más osados conducen las líneas de colectivo o abren sus negocios. La jornada transcurre de la tienda comedor-domo a la carpa, midiendo el paso del tiempo mientras la tormenta arrecia sin parar, nuestros planes se convierten en el tema principal de charla y el peor temor está a la vuelta de la esquina, que la tormenta continúe y no solo nos veamos obligados a bajar al base sino tengamos que volver a repetir el ciclo de aclimatación al 2 en unos días. Una vez que la decisión está tomada el ambiente se relaja, la tormenta no parece detenerse, incluso se incrementa con la llegada de la noche.
La casi completa certeza del regreso al base aligera el peso de la ansiedad en los corazones y hace que todos duerman bien hasta la campana de la alarmas, "está lindísimo" es el grito de guerra que pone a todos en guardia a eso de las 5 de la mañana, en escasos minutos el domo está repleto y entre el desayuno y los preparativos nos vamos eyectando en pequeños grupos hacia la pared Lhotse, solo para darnos cuenta de que no somos los únicos en arremeter hacia el campo 3, hay que aprovechar la oportunidad y en la distancia se ven distintos grupos acercándose al muro de hielo. Otra gran prueba física nos espera ya que en esta ocasión se mezcla la aclimatación con el porteo, se impone cargar dos tubos de oxigeno cada uno hasta los 7200 mts. Sin mucha discusión agarramos los tubos de 4 m3, que pesan alrededor de 4,5 kgs cada uno, agregado a esto es peso del equipo personal para lo que suponemos será un día entero de actividad, al final todos rondamos los 15 kgs, carga más que respetable para las condiciones en las que nos encontramos.
La salida del sol nos encuentra a escasos minutos de las cuerdas fijas, aunque es poco el tiempo que podemos disfrutar a Febo ya que las nubes hacen rápidamente acto de presencia. La escalera que con tanto esfuerzo instalamos 8 o 10 días atrás quedó sepultada bajo 2 mts. de nieve fresca acumulada allí por el viento, por lo que el ingreso a la rimaya resulta un poco más sencillo de lo esperado, aunque sin dilación se impone el jumar y tras un escalón de 90° de unos 10 mts comienza la tan larga y temida pared Lhotse, una rampa de unos 600 mts. de desnivel y de un promedio de 45° de inclinación, el primer tercio se ve facilitado por la existencia de huellas en la nieve fresca, a partir de entonces el hielo vivo exige fuertemente las pantorrillas y el avance se enlentece, en parte también por el constante flujo de porteadores regresando del campo 3.
El grupo lentamente se dispersa en las cuerdas fijas y el fondo de valle se va alejando, a eso de las 9 de la mañana el cielo se tapa completamente, la nube se instala a los 7000 mts. El gélido viento del este hace remolinos en la pared dispersando los manchones de nieve adheridos al hielo y por momentos no se sabe si es la nube o el viento quien trae la nevada; las condiciones se ponen cada vez más extremas y dejar los tubos a mitad de la pared no parece ser una alternativa. A eso de las 10'15 de la mañana logro llegar al campo 3 con los dedos ateridos, el tránsito por las cuerdas sigue infinitamente y en media hora el grupo es nuevamente un paquete compacto de gente sentada en una precaria terraza del campamento con rostros de estar pasando frío, pasan los minutos y el resto del grupo, los Benegas y sus clientes, permanecen todavía en las cuerdas. Abandonamos nuestras cargas de Oxigeno atadas al depósito de material ya previsto por los hermanos Benegas y casi sin demora a eso de las 11'15 arrancamos para abajo todavía metidos en la tormentita.
Normalmente las huidas son mucho más desorganizadas que los arribos, esta no es una excepción, no distamos de los sherpas en nuestro descenso, por estos pagos si la pendiente lo permite no se rapela, uno se mosquetonea a la cuerda como precaria medida de seguridad y se depende enteramente del rozamiento de los guantes con la cuerda, tal es la previsión para dicho evento que todos llevamos guantes de cuero y todos descendemos del mismo modo. En poco más de una hora llegamos todos al plano del glaciar y el estado de ansiedad disminuye radicalmente. Ya en el campo dos se discute la posibilidad de bajar al base o descansar un día más y volver a hacer un ciclo de aclimatación subiendo nuevamente al 3, la discusión no dura mucho, según los Benegas nuestro team anda muy fuerte en la montaña, no creen que sea necesaria otra ronda y por la previsión climática recomiendan bajar lo antes posible. En pocos instantes la retirada a tierras bajas esta diagramada. El resto del cumpleaños de Bariloche lo dedicamos a descansar después de nuestro particular "desfile" por las cuerdas fijas.
La mañana del 4 de mayo comienza tormentosa nuevamente, no cabe duda de que bajar es la mejor opción, la aclimatación parece ser un hecho y la bajada es mucho mas ágil y rápida que en las ocasiones anteriores, y antes de que la cascada se ponga peligrosa a lo largo del día estamos todos abajo. La jornada avanza y con más pena que gloria, las afecciones médicas se dejan sentir en los equipos y finalmente a causa de una fuerte infección urinaria que tiene doblado a Leo McLean y probablemente alguna que otra piedra en el tracto renal obligan a solicitar un helicóptero a Katmandú, a media tarde y entre un manto de nubes llega la aeronave y Leo y Damián, quien ha empeorado con la tos del Khumbu, embarcan con destino al hospital y con la promesa de regresar en tres o cuatro días. La sensación cuando la nube de polvo provocada por las aspas se deposita es la de un vacío difícilmente reemplazable, hasta cierto punto las dos expediciones, los Benegas y sus clientes (entre ellos leo McLean) y nosotros cinco cuando estamos en el base vivimos el día a día como una sola gran familia, dos ausencias de un solo plumazo se hacen sentir rápidamente, aunque la aparición de Matoco, guía argentino que venía acompañando a Francisco, mitiga un poco esas ausencias con nuevas anécdotas y bromas.
El regreso al campamento indudablemente tiene algo de volver al hogar, nunca pensé que abandonar el minimalismo de campamentos superiores tuviera tantas connotaciones positivas respecto al confort, lavarse sin congelarse, tener agua caliente para los mates, tu carpa en un lugar plano, una mesa en la que comer y sillas para sentarse, electricidad a las noches para cargar baterías y cocinero. Pensar en afeitarse o poder lavar la ropa es parte de la cotidianeidad del hogar que hacen más llevaderos aquellos momentos en los que la mente se confunde y olvida el objetivo por el que estamos aquí. Cuando se logra entrar en una rutina hogareña las horas pasan inadvertidamente y a medida que uno penetra más profundamente en las pequeñas tareas del campamento más alejado se está de las ansiedades de la cumbre.
El descanso rejuvenece los rostros lo mismo que lo hace una ducha, aunque sea fría, una afeitada, un poco de ropa limpia o un ciclo de comidas sin interrupción. Los planes diagraman una bajada hasta Debuche a los 3800 msnm que agregarán al descanso una buena dosis de oxígeno. Mientras tanto la tarde transcurre en un silencio y calma de cementerio en el campo base. Nuevamente la aparición de Simone y de Denis reactiva un poco el anochecer, las anécdotas, las risas, el fácil ritmo latino y lentamente la relajación del regreso va endulzando el paladar social. A pesar de que para todos mañana será una jornada de actividad, Matoco y Mara salen para el campo 1, Simone y Denis para el "infinito y más allá" a intentar abrirle una nueva vía al Lhotse y nosotros para abajo (física no moralmente), la música resuena estruendosamente en la carpa comedor hasta altas horas de la noche, a la luz de las velas y de las linternas por superar con la fiestita el horario del generador.
La mañana del comienzo del descenso los rostros están radiantes, todos estamos ansiosos por bajar en la búsqueda de más O2, a pesar de estar bastante aclimatados uno no deja de agitarse cuando pega una corrida hasta la carpa en búsqueda de algún objeto necesitado o deseado, uno se descubre inspirando profundamente cuando se agacha a atarse los cordones o levantar el cierre de la tienda comedor, nunca es una sensación agradable, por lo que bajar a menos de 4000 mts. será, creemos, una bendición para el cuerpo y para el espíritu. El clima no es feo pero por lo menos no llueve, el conservador plan es llegar a Periche y pernoctar allí, caminar con poco peso y comer en abundancia. Gorak Chep pasa frente a nosotros como si fuera un arrabal del base y en menos de lo esperado arribamos a comer a Lobuche, dieta casi estándar de Tea House, chowmein (fideos chinos) o Dal Baht (arroz con salsas varias) acompañado de momos (pequeñas empanaditas fritas) y te de limón. Antes que el estómago dé la orden de quedarse por un par de horas más y de que la nube nos tape, arrancamos valle abajo a buen ritmo, hasta las alas de la gorra del Topo, símil Lawrence de Arabia, flamean con la brisa.
A la postre nuestro apremio tiene sus ventajas ya que pocos minutos más tarde de arribar a Periche la lluvia hace presencia y caemos en la cuenta de que hace más de un mes que no tenemos el placer de disfrutarla. Los goterones y las chorreaduras de las canaletas nos recuerdan que por estas fechas las lengas, ya con sus hojas ocres y amarillas sufren día tras día el constante asedio de la lluvia que finalmente las hace claudicar y las despoja de toda vestimenta, desnudándolas para el crudo invierno patagónico. Mientras que aquí, en el valle del Khumbu una lluvia parece providencial, hasta para nosotros que todo lo que hemos visto es nevar cada vez que algo cae del cielo.
Periche parece encantador tras tantos días de carpa, piedras y glaciares, alrededor crecen arbustos y corren arroyos idílicos, la comida es de muy buena calidad y no se pueden tener quejas del confort, pero no es suficiente, el exilio hacia tierras más bajas tiene un destino diferente y sin demoras a la mañana siguiente el grupo continua su peregrinar por el valle del Khumbu. Después de poco más de una hora de caminata, inmersos en la niebla, llegamos a la tierra prometida, el tan ansiado y deseado "bosque" en Pangboche, que aunque no tenga un efecto fisiológico probado, el anímico es indudable.
A medida que los abetos se ponen más altos y los hermosos rododendros en flor, la llegada de la primavera no se está haciendo desear, abundan cada vez más nos vamos dando cuenta de que nos acercamos a Rivendel, el hospedaje en el que pasaremos las próximas jornadas. Aún arribando a destino en medio de la más intensa niebla de los últimos días el enclave para esta hermosa posada es maravilloso; no creo que Tolkien haya viajado nunca a Nepal pero aquel que haya decidido bautizar este lugar con tan fantástico nombre no está muy alejado de lo que el escritor inglés se imaginó, Mara no podría haber elegido mejor lugar para que nuestra recuperación del cansancio y la altura fuera completa.
Realmente nos "sacudió" el mal clima y el frío, pero nos expusimos a la altura máxima a la que alguna vez hayamos llegado, exceptuando a Cuny, que ya estuvo en el Broad Peak. Tambien trepamos una pared de 45° con carga, porteamos unos tubos de Oxígeno, que sirve tambien como entrenamiento. Lo pasamos muy bien.
No se me había ocurrido hablar antes del equipo. Al estar todo el día con ellos, uno se acostumbra en algún punto.
A todos los conocí en distintos ambientes. A todos los considero mis compañeros y amigos y lo que más nos une es el amor por las montañas.
El Director: Francisco Minieri. Es la persona que finalmente acopló con su empuje y todo lo que nos faltaba para hacer realidad el sueño del 2010. Aunque lo haya visto pocas veces es una persona increíble. Hace unos días vino a "visitar" a su equipo al Campamento Base. Se juntó por fin, todo el equipo y hubo una energía especial. Recuerdo que nos saludamos y le di las gracias, por apuntalarnos para llevar adelante este proyecto, a lo que me contestó: "no me agradezcas a mí, agradecele a Dios todo lo que tenés y lo que te regala cada día". Estuve bastante tiempo estos días, pensando en las sabias palabras de Francisco.

El Jefe: Ramón Chiocconi. Es el médico de todos y de muchos otras expediciones que no tienen. Es el "alma matter de la expe". Sin su garra y pelea por este sueño, el equipo no se hubiera conformado; tiene una visión super positiva de las cosas, soñador, pero es el que nos hace dar esos pequeños pasos directo a la cumbre.
El Topo: Marcelo Deza. Es el que de movida más trabajó por Everest 2010, durante 20 meses antes de partir para Katmandú. Estaba con esto en la cabeza y tratando de descubrir como hacer para que económicamente podamos llevar a Argentina a lo más alto del mundo. Tal vez fue el más estresado en la previa, pero una vez en el avión, se relajó y estamos compartiendo un experiencia única. Es un excelente compañero, tipazo, bueno con el que se le acerque, en fin un gran amigo.
El Mecánico: Alvar Puente. Se da maña para todo, para arreglar las cositas que se van rompiendo. Montañero fuerte, amigo y compañero de escalada de muchos años, de personalidad muy particular; Querible con sus días alegres, haciendo chistes y bromeando con todo el Campameno Base y con otros días "que mejor dejarlo solo."
El Cuny: Leonardo Proverbio. El más joven del "team" y paradójicamente el más experimentado en montaña. Es el soldado más fuerte de Chiocconi, siempre pensando en la seguridad del grupo, viene atrás de todos cuidándonos, viendo dónde hay lugares de riesgo, advirtiéndonos para que nos abriguemos ó hidratemos constantemente. Sin dudas, en caso de problemas me gustaría estar cerca de él.
Y es así como está el equipo, para hacer el intento con fé, con ganas, con fuerza. Ahora estaremos descansando en el Base unos días, esperando la "ventana" de buen tiempo. Aún no sabemos si esperaremos en Campamento Base ó bajaremos a Periche.
Pero lo que sí es un hecho, es que ya estamos preparados mental y fisicamente para la ascensión: Solo unos días de descanso, de buena comida y arriba a subir la montaña de una vez! Si es que ella nos deja.
Nos quedan solamente unos días, máximo un par de semanas de espera y de preparación, para dejar todo listo para el ataque final.
Tenemos la gracia de estar bien, enteros, sanos, motivados. Desde la salida de Bariloche nos sentimos con la bendición y protección de Dios y ahora nos toca subir. Vamos a subir con el corazón, pero tambien con el espíritu de guerrero, como lo hacemos siempre desde el CAB.
Un saludo a la Argentina y a todos los amigos y familiares, contándoles que percibimos que nos siguen y alientan. Un abrazo desde el Campamento Base del Monte Everest.
En estos últimos días el monte Everest se me asemeja muchísimo a una carrera de 110 mts. vallas, el acercamiento al base ha sido desde todo punto de vista un entrenamiento para lo que nos esperaba más allá de la cascada del Khumbu. Entrenar es prepararse física y mentalmente para un momento y para un evento determinado, nos preguntábamos, no sin cierto escepticismo, si el ritmo desde Lukla no era muy lento, si los días de descanso no eran demasiados, si no se podría ir directo al campo 2, pues bien, con el paso de las jornadas nos hemos convencido de que el ritmo ha sido el correcto, que las vallas se van superando una a una y que estamos en una carrera en la que la paciencia y la garra serán las que nos lleven a la meta.
Desde nuestro primer acercamiento al campo 1 el conocimiento de la montaña ha ido en aumento minuto a minuto, superar la cascada de seracs del Khumbu es un acontecimiento que marca un antes y un después en la expedición. La primera vez nos sometió a una prueba exigente, el frío en la madrugada nos apabulló, el desnivel y la altura nos castigaron y el calor finalmente nos deshidrató a la bajada, todo un gran aprendizaje que nos preparó para el segundo aventón que nos dejó en las carpas del campamento 1 en menos de cinco horas el día 19 de expedición y en mucho mejores condiciones.
El campo 1 se encuentra ya en el llamado Valle del Silencio, enmarcado entre los contrafuertes del mismísimo Everest y del Nupse, a 6150 msnm y en el plató del Khumbu rodeado de gigantescas grietas. Lo mismo que la mayoría de las jornadas anteriores pasado el mediodía el clima se va poniendo inestable, el cielo se nubla, la temperatura se zambulle y la tarea ordinaria de derretir hielo y convertirlo en agua se convierte en un acontecimiento dificultoso. Las horas pasan con conversaciones entre tiendas, hidratación, alimentación y alguna que otra siesta. El frìo, compañero inseparable desde hace más de 15 días, nos recluye en las bolsas de dormir a la espera de una nueva jornada y nos permite un ansiado descanso.
Recién cuando los primeros rayos de sol sacuden los sobre techos de las tiendas estamos en condiciones de salir de los sacos de dormir, antes no hay cristiano que aguante las temperaturas bajo cero de esta montaña. Las actividades habituales de la mañana van acompañadas por la procesión de sherpas cargados camino al campo 2. La tarea de la jornada es sencilla, atravesar el Valle del Silencio y con intenciones de aclimatar llegar al siguiente campamento, situado ya en las laderas mismas de la cumbre del Everest a más de 6400 mts. y regresar a dormir al campo 1. El plató de hielo que separa el 1 del 2 no es particularmente difícil ni riesgoso, aunque por momentos las grietas nos hacen caracolear y los gigantescos bloques de hielo de viejas avalanchas hacen que aceleremos el paso, si algún serac cayó de la pared Nupse en alguna ocasión anterior, nadie nos asegura que no ocurra nuevamente. En menos de 3 horas llegamos al campo 2, otra pequeña urbanización de tiendas tapizadas sobre una sección del glaciar cubierta de piedras ubicadas allí por el desprendimiento desde las faldas del Everest. Lo primero que salta a la vista es que este mismo lugar ha servido de emplazamiento de cientos de expediciones ya que la basura abunda entre las grietas. El lugar no es de lo más lindo pero una sopa caliente en la carpa comedor sube los ánimos de todos. Nuevamente el frìo comienza a aterirnos y preparamos la huída a nuestro nuevo dormitorio en el campo 1. La nevada arrecia y lo mismo que el día anterior nos zambullimos en las bolsas de dormir, el objetivo de aclimatación está cumplido.
Otro amanecer diáfano nos encuentra entumecidos por los -16º de la noche, armamos las mochilas y arrancamos nuevamente al 2, en esta ocasión con la idea de dormir allí. El trayecto en esta ocasión lo recorremos con más celeridad y antes de comer ya estamos moviendo piedras para armar las plataformas de las carpas, tarea más que ardua por el desgaste previo y por lo difícil que es realizar cualquier actividad física a esta altura. Después del almuerzo finalizamos la instalación de nuestro campamento, cosa que nos demoró largas horas y mucho esfuerzo. La tarde trae otra nueva nevada y la noche nos demuestra que si pensábamos que el base era un lugar frìo, la zona media de la montaña lo es mucho más, la pregunta es "como será la parte alta?".
Los primeros malestares estomacales, insomnios y dolores de cabeza fuertes se manifiestan aquí, veníamos invictos de molestias más allá de alguna pequeña jaqueca, la persistente tos del Khumbu que nos asediaba a todos o alguna diarrea ocasional. Con algunas bajas arrancamos hacia la base de la pared Lhotse en plan de aclimatación, los sherpas están fijando las cuerdas para el campamento 3 en una rampa helada de alrededor de 700 mts y unos 4
5º de pendiente, la tarea parece ardua por la dureza de hielo cristalino que cubre toda la pala. En un par de horas nos encontramos en la base de la rimaya, donde Charly y Damián Benegas se separan del grupo para asistir en la instalación de los rapeles en la pared Lhotse, mientras el resto de nosotros encaramos el regreso a distintas velocidades. Más tarde sabemos de primera mano de la dureza del hielo hasta los casi 7000 mts ya que los chicos lo han sufrido por un par de horas en él, mientras que nosotros nos dedicábamos a recuperar botellas viejas de O2 caídas de la cumbre sur sobre el glaciar y que representan la basura más detestable y cotizada del valle. La tarde se nubla y el frìo arrecia nuevamente, en la pequeña carpa comedor nos amuchamos todos a la hora de la cena y los planes para el día siguiente se delinean, la mayoría del grupo bajará al base mientras Damián, el Topo y yo nos quedaremos en el 2 para continuar con los trabajos en la pared Lhotse.
A eso de las 7 de la mañana y con lo peor del frìo matutino el grupo arranca la retirada en cuentagotas, el último en partir es Cuni, que habiéndose quedado con la intención de dar una mano en la pared, decide bajar ya que hace en par de días que sufre los estragos de la altura en forma de un difícilmente controlable insomnio, imperceptible desde el exterior por su fortaleza; su experiencia previa en la altura lo previene y a eso de las 9 de la mañana él también va en búsqueda de descanso en el campo base, mientras que nosotros tenemos la oportunidad de remolonear un poco más. Tras un opíparo desayuno arrancamos nuevamente hacia la pared Lhotse más equipados que en el día anterior y porteando dos escaleras de aluminio para superar la rimaya y dejar finalmente la ruta al 3 resuelta. La expedición argentina de la mano de los Benegas es la única representación occidental en las tareas de fijado de la línea de ascenso al campo 3, tanto ayer en la persona de Charly, Willy y Damián, como hoy con Damián y yo como exponentes, el resto son sherpas. El trabajo en altura es agotador y tras 3 o 4 horas la rimaya está resuelta y los últimos rapeles están armados, justo antes de que se nuble y se largue a nevar comenzamos el descenso pero no hacia el campamento sino hacia el medio del glaciar, hace un par de días que apareció una gran mancha roja en una zona poblada de grietas, la idea es ver si se trata de una carpa vieja, una bolsa de dormir o un cuerpo. Nos encordamos y tras resolver un pequeño laberinto llegamos a la triste y sórdida imagen de un cadáver empaquetado en una bolsa de dormir. A la postre las averiguaciones nos llevarán a identificarlo como un escalador de Kazajistán que fue barrido el año anterior por una avalancha y a quien sus compañeros "enterraron" en una profunda grieta sin esperar su inhumación por parte del glaciar. La escena es tétrica, sacamos las fotos de rigor para su identificación pero no queda mucho más que hacer que irse para abajo con un importante sinsabor en los labios.
Lo ocurrido durante las dos últimas jornadas pone de manifiesto la jerarquía que tienen en esta montaña los hermanos Benegas, no solo se han ganado el respeto de la mayoría de los sherpas, sino que participan activamente de las decisiones técnicas del accionar de la mayoría de las expediciones, de la ejecución de dichas decisiones y se hacen responsables de resolver temas como la identificación de un cuerpo. El hecho de compartir gran parte de la expedición con ellos es muy ilustrativo.
Después de separarme del grupito de bajada, en parte para reflexionar lo ocurrido durante el día y en parte para buscar más botellas viejas de O2, en un par de horas me encuentro con el Topo en el campamento, nos quedamos solos ya que Damián se ha

La mañana trae un frio que parte los labios, muerde los dedos y entumece los pensamientos, organizamos las cosa que se quedan y las que se van y partimos sin demora hacia el base. El Topo, muy desgastado por la mala noche pasada avanza con lentitud por la casada de seracs, no es un lugar placentero para estar pero no nos separamos en ningún momento de la bajada, finalmente tras 4 horas y media de descenso casi agónico llegamos al campo base justo antes del almuerzo, opíparo como siempre y más que nunca regenerativo. Nos presentan a la nueva encargada del campamento, Mara, una norteamericana de pequeña estatura, voz resonante y personalidad enérgica, y entre charlas y puestas al día se pasa el mediodía. La tarde no trae muchas novedades, seguimos con problemas de comunicación hacia el exterior, los chicos lidian con ello mientras yo me pego la primera ducha en muchos días.
La tarde de descanso trae la noche y una improvisada fiestita trae invitados de otros campamentos. Lo más destacado es la presencia de la cordada Simone Moro y Denis Urubko, la crema de la crema del himalayismo del momento. Parecen personajes de una revista de montaña de época, a Simone ya habíamos tenido la oportunidad de conocerlo y de compartir anécdotas de escalada, Denis acaba de llegar al base. Las horas pasan entre historia e historia y nos vamos todos a dormir con una gran sonrisa en los labios.
Periche parece el último bastión de la civilización en el valle del Khumbu, a partir de este pequeño pueblito las laderas de las montañas se van acercando paulatinamente unas a otras conformando lo que es un clásico valle glaciar en U. Los kilómetros van quedando atrás y los metros se van haciendo sentir en la respiración agitada, el proceso de aclimatación es una lenta transformación del cuerpo y del espíritu, nada se parece en la vida cotidiana a estar sometido a la carencia de oxigeno por tiempo prolongado, desde el más sencillo acto de agacharse para atarse los cordones se puede convertir en una tarea opresiva para los pulmones y vacilante para la cabeza, con lo que la concentración es una más de las consignas a tener en cuenta durante el acercamiento.
Acometemos la ladera este de lo que ya representa el macizo del Everest y después de un par de horas de ascenso llegamos al caserío de Dhukla en donde tras una hidratación dilatada nos enfrentamos a una cuesta morrènica de unos 200 mts de desnivel, la primer muestra concreta del tamaño de este gran coloso que es el Chomolugma, la morrena frontal no sólo es descomunal sino que también presenta piedras del tamaño de containers portuarios, sino más... La caravana, que a esta altura sigue compartiendo a las expediciones y a los grupos de trekking que van hasta el base, es interminable y bajo los rayos del torturante sol por momentos el acercamiento a Logbuche se hace costoso. La tarde avanza y con la caída del sol llega el frio profundo, solo combatible desde las plumas de las espesas bolsas de dormir, en los hostels la única calefacción es una estufa en el centro del comedor, donde posteriormente sherpas y porteadores armaran sus jergones para pasar la noche, mientras las habitaciones son gélidas estancias de piedra que ayudan a dar una idea de lo que serán las noches en el campo base y en los campamentos superiores.
La fresca mañana trae el escenario nuevo de cielos diáfanos y nuevas vertientes y aristas de gigantescas montañas que hasta ahora sólo reconocíamos en relatos himalayescos, en este caso es la arista sudeste del Nupse, cumbre inferior del macizo del Everest, que por pocos metros no se convierte en uno más de los ochomiles, la que atrae nuestras miradas y nuestras ilusiones; sabemos que del otro lado de esta inescalada cresta nos espera la tan famosa y temida cascada del Khumbu, escollo inevitable de la ruta por el collado sur a la cima del mundo.

Caminamos por escasas horas sobre la morrena lateral del Khumbu, que ya entre las piedras va mostrando sus primeros hielos, hasta llegar a nuestro nuevo destino y último antes de llagar al base, el caserío de Gorak Shep en la base del Pumori a 5200 msnm. La comodidad de los alojamientos previos ya muestra la incomodidad de vivir y de construir a esta altura del valle. Escaso confort pero como siempre con muchísima hospitalidad nos reciben a nosotros y alrededor de otras 50 personas, almuerzo liviano y sin dilación actividad de aclimatación subiendo al mirador del Khalapathar, hombro a 5600 msnm camino al campo uno de la arista sur del imponente Pumori. El viento arrecia y con él el frio que en esta latitudes puede convertirse en un odioso enemigo que junto con la carencia de oxigeno hace de un placentero paseo un agónico calvario. Fotos de rigor, filmaciones para mostrar en casa que seguimos enteros y adelante y entre mate y mate hacemos pasar las horas antes de irnos a dormir con la excitación de la llegada al base en la próxima jornada.
Los últimos kms son intrincados y complejos, el sendero es angosto y los cuellos de botella se suceden entre caminantes, porteadores y yaks. Ya desde lejos se van viendo los vivos colores de las decenas de carpas que atestan el campo base; habíamos tenido la oportunidad de observar desde el Khalapathar la pequeña ciudad de aluminio y tela que se desperdiga en la margen occidental del glaciar del Khumbu, por lo que llegar a ella no resultó tan impactante aunque no deja de ser impresionante. Decenas de carpas y tiendas cocina y comedor se desparraman entre espolones de hielo, lagunas congeladas y arroyos sumideros del glaciar. Una pequeña ciudad estacional que ebulle durante los 3 meses previos al monzón y que desaparece año tras año dejando atrás algo de basura, centenares de plataformas talladas por el hombre que con el avance del hielo desaparecerán hasta la nueva arremetida, y por sobre todo deja en este angosto valle las esperanzas y las alegrías de cientos de escaladores que lo dejan todo por llegar a la cima del mundo.
Callejuelas talladas en el hielo entre plataformas y tiendas nos van llevando al pie de la cascada Khumbu, donde se encuentra nuestro campamento, bien al fondo del base. El idioma de rigor es el ingles y abundan los saludos de cortesía, desconocemos el lugar de origen del resto de las expediciones, de seguro que tendremos tiempo de sobra de sociabilizar. Desensillar se hace más fácil de lo esperado ya que los sherpas han instalado ya nuestras carpas, por lo que sòlo nos queda ayudar en la instalación de los baños y el mejoramiento de los caminitos dentro del campamento. Todos damos la espalda a la inquietante cascada, necesitamos tiempo para sobreponernos a su impactante presencia, durante las primeras horas espero ansioso, a modo de test, que alguno de los chicos haga algún comentario al respecto, el silencio es de tumba, se lo atribuyo a la aclimatación no sólo a la altura sino a la presencia del coloso, del sueño, del ansiado objetivo desde hace casi dos años, con su principal escollo, los seracs del Khumbu.
Las jornadas se suceden entre reinstalaciones en el campamento, tensión de sobretechos, electrónica de paneles solares, cables, movimiento de piedras, comidas opíparas y largas charlas sobre lo que se viene en los próximos días. No hay forma de abstraerse de la presencia del Everest, aunque no podamos ver la cumbre, tanto las avalanchas de nieve como de hielo y piedras se suceden con el paso de las horas recordando que los riesgos son reales y que de nuestra estrategia y de nuestra agilidad a la hora de superar la cascada de seracs va a depender buena parte del éxito de la expedición.
A la caída del sol nada hay que hacer respecto del violento frío, se zambulle de los más que soportables 10º C a los torturantes -15 que escarchan hasta el té dentro de los termos en el interior de las carpas. Los rituales a la hora de irse a dormir dentro de la tienda de campaña distan bastante de los habituales en nuestra lejana Patagonia, meterse en la bolsa de dormir demora unos minutos, levantar la temperatura es crucial y entramos todos vestidos hasta que el plumón de la bolsa toma temperatura y podemos comenzar a sacarnos capas. Durante el día el sol es atesorado minuto a minuto, rara vez se sufre de calor pero se disfruta.
El 12de abril nos encuentra bastante instalados y a la espera de la Puja, una ceremonia budista por la que ya pasamos en Pangboche, en este caso con un lama distinto y con tintes más festivos, en la que se bendice el material de escalada, a los sherpas y a todos aquellos que pretendan ir a la cumbre, sin esta ceremonia nadie de nuestra expedición debe salir hacia el campamento 1, los dioses no lo aprueban, lo que podría traer mala suerte a todo el campamento. Frente a la cascada el lama entona canticos, el tambor retumba, el Té nepalí circula y las horas pasan, llega el mediodía y al finalizar la ceremonia comienza el festejo junto con los sherpas, la cerveza corre y finalmente los bailes tradicionales nos unen en un solo canto aderezado con un brebaje local llamado CHA, altamente alcohólico, mezcla de fermento de harina de trigo con fermento de arroz; el dolor de cabeza y el malestar no se hace
n esperar y la tarde nos encuentra cansados y en algunos casos hasta descompuestos. Sin embargo el intercambio cultural y de tradiciones dejan un sabor dulce y el agregado de tener la venia de los Dioses para encarar la siguiente etapa de la expedición, subir a los campamentos superiores, aporta tranquilidad al grupo, principalmente a los lugareños.Las prácticas en la parte inferior de la cascada son acotadas pero sumamente útiles, sabemos que la aclimatación se mezclará con el apremio de superar los 700 mts de desnivel y de riesgo de caída de seracs, por lo que maniobrar con agilidad en las cuerdas fijas y las escaleras de aluminio es crucial. Los doctores de la cascada, experimentados sherpas, definen una línea que atraviesa los peligros de este afamado glaciar del Khumbu, sorteando grietas y verticales paredones con rudimentos de cuerdas y escaleras de aluminio.
Finalmente el día 14 planeamos nuestro primer asalto a la cascada de seracs, el horario elegido es a las 4 de la mañana, el clima lo impide y como en la noche anterior un manto de nieve fresca cubre el campamento, acompañado de un arreciante viento que hace que posterguemos la partida para las 9 de la mañana, con la intención de comenzar el reconocimiento de la ruta, a sabiendas que se nos hará imposible superar la cascada en toda su extensión. Pasamos largas horas caracoleando por entre gigantescos y amenazantes bloques de hielo, recorremos un tercio de la distancia que nos separa del campo 1 y justo antes del comienzo de una zona más escabrosa detenemos la marcha, hidratamos y picoteamos algo y emprendemos el regreso al campamento. Si el clima lo permite encararemos nuevamente a eso de las 4 de la mañana del día siguiente la ruta hacia al campo 1. Tarde de descanso y de planificación. La noche nos encuentra viendo una película en una de las computadoras, un placer de sibaritas que forma parte de una expedición de 2 meses en la que el presupuesto permite portear objetos que por momentos parecen banales en la montaña pero que en ésta en particular están permitidos.
Madrugamos nuevamente y en esta ocasión los cortantes -18º nos reciben con un despejado cielo que indica que en una hora más hemos de partir hacia los 6150msnm del campo 1. Ya se ven las luces de las linternas de los sherpas, incansables trabajadores del Khumbu, que transitan la cascada en dirección al campo 2, nosotros por nuestra parte nos tomamos nuestro tiempo para desayunar abundantemente y a eso de las 4 de la mañana arrancamos con nuestras botas triples, abrigo de duvet, crampones, piquetas, arneses y demás objetos que nos permitan alcanzar nuestro objetivo de la jornada. El frío arrecia y asusta, el aire escasea y la combinación de ambos castiga la garganta hasta hacernos toser convulsivamente.
Arrancamos todos juntos a un ritmo cansino, poniendo a prueba nuestros pulmones y nuestro corazón; lentamente y con un esfuerzo regulado vamos ganando altura en la tortuosa cascada, sherpas de otras expediciones van entremezclándose entre nosotros y el grupo va disgregándose, a medida que se sube y nos acercamos al amanecer los dedos se van entumeciendo cada vez más a la espera del ansiado sol. Las dificultades parecen desaparecer en el tramo más empinado de la cascada; las escaleras más largas y estremecedoras llegan a una esperada planicie, aunque nada más lejos del deseo de que se termine lo técnico. La inclinación del terreno disminuye pero no terminan las dificultades, seguimos avanzando por un mar de grietas, los seracs se hacen cada vez más esporádicos pero el riesgo no desaparece. Finalmente el sol hace acto de presencia y el ánimo cambia lo mismo que cambia el terreno, comienza a aplanarse paulatinamente y después de media hora de caracolear por el plano vemos las carpas del campo 1. Durante la espera del disgregado grupo aprovechamos a probar los jet-boil, calentadores de alto rendimiento, que no parecen sentir los más de 6000 msnm y que en escasos momentos llevan el agua a la temperatura justa para los primeros mates de este campamento. La vista se llena de montañas nuevamente, la arista norte del Nupse destaca a nuestra derecha, al fondo del valle glacial en el que estamos vemos pronunciado el Lhotse y asoma tras un filo a nuestra izquierda el tan ansiado Everest. El sol calienta los cuerpos y el espíritu, y lentamente el grupo se reúne en el plano de acumulación del glaciar del Khumbu. Filmaciones, fotos, mates y conversaciones sirven para pasar las horas que sabemos nos ayudarán a la hora de aclimatar antes de bajar nuevamente al base. La violencia del sol y los paradójicos más de 30º de temperatura hacen que temamos lo peor en cuanto a la seguridad de la cascada y aceleramos el ritmo de bajada con lo que cada uno hace de su camino hacia abajo una carrera por no verse enredado en ningún incómodo evento, a mitad de camino nos encontramos con los "Doctores de la cascada" que están trazando una sección nueva ya que en el transcurso de la mañana se han desmoronado más de 300 mts del camino original, por suerte sin víctimas que lamentar. El base nos recibe con el pico de máximo calor, el cansancio es generalizado y la tarde nos permite unas horas de relajo antes de que la temperatura se zambulla al atardecer trayendo una nueva nevada. La actividad social de la tarde es una presentación de fotografías comparativas sobre el retroceso de los glaciares en el Himalaya a causa del calentamiento global presentada por David Breashears de la Asian Society . Las horas van pasando y las conversaciones hacen que olvidemos que nos hemos levantado hace más de 20 hs y ya pasados de vueltas nos vamos a dormir con la satisfacción subconsciente de haber alcanzado el campo 1 del Everest y haber vuelto sin mayores consecuencias.
El sol matutino en nuestra jornada de descanso es un premio sublime a las más de 11 hs de esfuerzo del día anterior en la cascada a 6000 mts. Tocan tareas del hogar y entre lavandería, y orden en la carpa comedor se van pasando los minutos; finalmente instalamos los paneles solares y los 12 voltios se van almacenando en las baterías, hasta que el ciclo habitual aquí en el valle del Khumbu hace presencia, la tarde se nubla y una ligera nevada cubre el Campo Base obligándonos a recluirnos en la carpa comedor, otra jornada más finaliza en la base del Chomolugma.
15/4/2010 - REPORTE 4 - Campo Base a 5.300mts SNM(sobre nivel del mar)

"En los últimos días, nos hemos concentrado en el entrenamiento y la alimentación, atendiendo la variable del gran esfuerzo que nos espera. Realizamos caminatas cortas, entre las que se destaca el Cerro Kalapatar de 5.600 mts", comenta uno de los montañistas. Desde este Cerro, hace unos días comentaron que se encontraban muy bien, tanto anímica como fisicamente, lo cual quedó reflejado en el 1º video que enviaron a Argentina. Por otro lado, realizan entrenamientos en la Cascada de Hielo del glaciar Khumbu, la cual tendrán que sortear varia veces a partir de los próximos días, conectando al Campamento 1 y 2. ( http://www.everest2010.com.ar/fotos/Videos/ )
Cabe recordar que esta Expedición conformada por 6 (seis) argentinos, esta avalada por el Club Andino Bariloche (CAB) y la Federación Argentina de Esquí y Andinismo (FASA). De lograrse la cumbre, sería la primer expedición argentina oficial e institucional en llegar al techo del mundo.
"Este trabajo comenzó hace un año y medio, fortaleciendo las bases humanas que consolidarían al equipo y buscando el financiamiento", comentó el jefe de la Expedición. "Con el apoyo de la firma Acaxa Argentna®, en la estrategia de Media & Sponsor, finalmente lo fuimos logrando gracias al total aporte privado, principalmente de Laboratorios Rontag, Banco Hipotecrario y el invalorable apoyo de Chocolates Mamushka, Rapanui y aportes de personas comprometidas como Goyo Zidar y Juan Carl
os y Monse Ayala. Todos ellos, han apostado a una expedición argentina e institucional", concluyó.
"Durante los próximos 30 días, estaremos entre el campamento Base y los campamentos 1 y 2, lo cual nos servirá para ir haciendo distintos porteos de materiales y a la vez para ir aclimatando el organismo a la falta de oxígeno en altura. Estimamos que a partir del 16 de Mayo se progamará el primer intento a la cumbre, procurando encontrar la mejor ventana climática posible", adelantó Ramón Chiocconi
Por último, el comunicado dice que "todos estamos muy bien y contentos, aprovechando esta experiencia al máximo. Por momentos, algo incrédulos de estar transformando este sueño en realidad. Un saludo a toda la Argentina, a Bariloche, a nuestras familias y amigos".
6/4/2010 - REPORTE 3 - PERICHE a 4.300 MSNM
A medida que el valle del Khumbu avanza en dirección opuesta a la nuestra y nuestros pies se alejan del nivel del mar y del Golfo de Bengala los dedos se van entumeciendo cada vez más por los primeros fríos, los pulmones van claudicando con la carencia de oxigeno y con la sequedad, la garganta reprocha la exagerada cantidad de polvo en el aire (dicen los lugareños que es ese polvo, producto de un año muy seco, el que flota a diario en el aire y lava las fotografías) con repetitiva tos, la llamada "del Khumbu", los labios se quiebran por el frio y la piel comienza a pedir clemencia bajo el constante castigo del sol, escasamente filtrado a estas alturas.
Desde nuestra partida de Lukla el valle nos ha ido mostrando una amplia gama de cambios, algunos sutiles, otros notables, desde lo más visible hasta lo imperceptible; es todo ello lo que va haciendo de esta experiencia una peregrinación hacia un nuevo ser, cada uno de nosotros, imperturbable o no, va recibiendo una dosis de medicina espiritual que difícilmente se pueda describir con la banalidad de las palabras limitadas en vocabulario y significado de un simple montañista. Lo que sí no cabe duda es que el acercamiento al Everest va dejando atrás todas las expectativas previas, todos los prejuicios, propios y ajenos; cada una de las charlas llenas de imágenes construidas por el escaso conocimiento van dando lugar a nuevas visiones colmadas de sensaciones y de tangible belleza. El vacio que traíamos como una carga desde nuestra partida de Bariloche, mezcla de dudas sembradas por nuestros propios corazones y por los cuestionamientos ajenos, con el escepticismo de abandonar el confort y la seguridad de lo que mejor conocemos, se ha ido llenando lentamente, como el ritmo de nuestro acercamiento, de experiencias y de sensaciones. Si se sigue llenando a esta velocidad no sé cómo haremos para contener este maravillarse constante.
A la entrada del valle entre los rostros de los locales todavía encontrábamos los tan repetidos rasgos sureños, provenientes de la India, que colmaban las calles de Katmandú, mejillas regordetas, narices prominentes, labios carnosos y ojos grandes dentro de lo que son las facciones orientales; a medida que hemos ido subiendo en altura y la mordida del frio y del sol van atacando por siglos a la gente de las montañas, la etnia sherpa ha ido cambiando sus rasgos, no predestinisticamente sino con un afán más allá de los individuos, la adaptación con la que Darwin llenó auditorios; pieles oscuras, labios finos, narices pequeñas, difícilmente atacables por las congelaciones, mejillas planas, ojos casi cerrados, pelo crespo, toda protección posible contra la crudeza del clima y de los elementos. Del mismo modo la vegetación va adaptándose y de los superpoblados bosques de pino del principio del valle fuimos pasando por los más resistentes abetos a los más achaparrados cipreses hasta llegar a los matorrales que rodean Periche como últimos remanentes de la flora local. Y podríamos seguir así por horas y horas, los Jaks, especie de vaca local que no solo aporta carne y leche sino que también sirve de animal de carga y sube y baja el valle pacíficamente arrastrando grandes cantidades de peso, en ellos el cambio se observa en el pelaje, mucho más largo, y hasta podríamos afirmar que en el carácter, mucho más hosco y taciturno, aunque no menos servicial. Hasta los cuervos parecen más compactos y con los plumajes más castigados...
La expresión del cambio en el resultado de la mano del hombre también se observa a medida que se va subiendo por el valle, los hoteles de fina terminación en piedra, fuente principal de ingreso junto con el trabajo de los porteadores para las expediciones, van dejando lugar a construcciones más precarias, cada vez menos hosterías y cada vez más casonas familiares, rodeadas de minifundios de cultivo de papa. Los caminos por los que transitamos, que días atrás eran la muestra más impresionante del esfuerzo del hombre por estas latitudes, van dejando de ser autovías de piedra de increíble manufactura para convertirse en senderos de alta montaña, siempre cuidados y prolijos, aunque mucho menos elaborados. Los techos de chapa de zinc que abundaban en las cercanías de Lukla se transforman en techos de piedra pizarra extraída de las mismas ladera de las montañas circundantes.
Todo cambia a medida que subimos, y la ley que regula este cambio, la piedra angular de todos los procesos, tanto naturales como artificiales y vinculados al hombre, es siempre la crudeza de las condiciones externas. Nada que el hombre pueda hacer elimina la dureza del ambiente, los habitantes del valle logran con un gran esfuerzo mitigarlas, mientras que nosotros somos observadores silenciosos del esfuerza por la subsistencia. Supongo que a medida que nos acerquemos al Chomolunga dejaremos de ser observadores y nos convertiremos en victimas de dicha rudeza.
Cada día de acercamiento nos va involucrando más y más con nuestro objetivo, las montañas que antes destacaban en la distancia hoy son colosos que dentro de su imponencia van mostrando vías y opciones de ascensión. Todas las mañanas, cuando el aire es más diáfano, desplegamos nuestras habilidades como escaladores y realizamos notables aperturas a vírgenes paredes por expuestas vías que nos dejarán en escasamente holladas cumbres de hielo con forma de merengue; quizás el camino de la imaginación a la que damos rienda suelta durante los opíparos desayunos sea la inconsciente receta para ir motivándonos frente al despliegue de esfuerzo y en algunos casos de sufrimiento que nos espera por delante durante los próximos dos meses.
Atrás van quedando Namche Bazaar, Tengboche con su imponente templo y Dengboche con sus bosques achaparrados, la llegada en la sexta jornada al pequeño pueblo de Pangboche nos sorprendió con una sobredosis de misticismo y fé, primero tuvimos la oportunidad de participar de una "phuga", ceremonia budista en la que un anciano monje, en una gélida habitación de su templo, nos bendijo en nuestro viaje a la cima del mundo. Minutos más tarde y sin previo aviso nos tocó compartir un té de limón y una larga charla con el Lama del valle, un anciano, todavía más entrado en años que el anterior, pero lleno de juventud en la sonrisa y en los movimientos, que nos dedicó oraciones, rezos y unas cuantas carcajadas, que dejaban entrever cierto grado de divinidad entre las arrugas de su avejentado rostro. Con una sensación de paz interior y relajo espiritual regresamos a nuestro descanso vespertino, preparándonos para el próximo día de acercamiento en el que finalmente dejaremos atrás los últimos resabios de vegetación y nos enfrentaremos con el fondo del valle del Khumbu, poco antes de llegar al Campo Base del Everest.
Periche es un pequeño pueblo a 4300 msnm, en el que la gente vive del cultivo de vegetales y un poco de la actividad de montaña, al ser una parada obligatoria tanto para los caminantes que van a la base del Everest como para las expediciones que intentan ascender al techo del mundo. El frío aquí es más intenso y el sol se esconde más temprano al estar cada vez mas rodeados de gigantescas montañas. La cercanía al campo base se muestra en la existencia de una posta sanitaria y un grupo de rescate en montaña, permanentes en la temporada. Los helicópteros van y vienen, en la medida que la sustentación del aire les permite volar, evacuando gente que se ve sometida al castigo de la altura, edemas, mal agudo de montaña o simple descompensaciones, que a en estos remotos lugares se pueden tornar dramáticas.
La aclimatación avanza y los paseos se van tornando cada vez más exigentes, los desniveles arrancan el aliento y las banderitas de oración siguen siendo el marco fotográfico perfecto para las imponentes montañas que nos rodean. Por fin tras un ascenso de unos 1000 mts de desnivel a un cerro cercano al pueblo logramos las primeras vistas del Makalu, otro de los gigantes de más de 8000 mts que se encuentra en las nacientes del valle que recorre la base de la pared sur del Lhotse, el hermano menor del Everest. Los ojos no tienen la resolución necesaria para procesar toda la información visual que nos entrega el Himalaya a nuestro alrededor, sur del Lhotse, este del Taboche, este del Arakam Tse, oeste del Ama Dablam y sur del Lobuche, todo un festín para la deseosa vista de cualquier andinista.
Entre estupas, piedras de oración, jaks, banderines de colores, techos de pizarra, sinceras sonrisas despobladas de dientes e impactantes escenarios de alta montaña se van pasando las jornadas y como quién no quiere la cosa el glaciar del Khumbu va dejando sentir el frio de sus seracs a medida que nos acercamos a la madre de todas las montañas.
REPORTE 2 LUKLA A NAMCHE BAZAAR
Aunque uno se adapte al reloj biológico de vivir con 8 o 9 horas de adelanto y hasta cierto punto pueda utilizar este pequeño hecho para reconocer cuán lejos estamos de casa, lo que no logramos es adaptarnos al hecho de que hace poco más de una semana, estábamos disfrutando los últimos días del verano en Argentina y ahora estamos viviendo los últimos del invierno en los Himalayas, lo cual se nota en el mordiente frio cuando se está a la sombra o afuera, durante la caída del sol. Por otra parte la estación nos está dando un regalo de buen clima hasta ahora.

Sin apartar la vista de nuestras cosas (mochilas, bolsos, petates y equipo de filmación), por una insana actitud de desconfianza, totalmente infundada hasta ahora en este país, nos toca una escena repetida en los aeropuertos del mal llamado tercer mundo, aparente caos y descontrol, apuros de último momento y papeleo intrascendente. El exceso de carga para variar nos obliga a cambiar un poco de planes. Los últimos bolsos con destino sin escalas al campamento base se vieron demorados en Katmandú, mientras que, con nosotros al bimotor, sólo se subieron las mochilas para el trekking. La peor noticia del exceso de equipaje, fue enterarnos que nuestros pequeños "amigos de Tandil" serian privados de nuestra compañía en los almuerzos.
Volver 50 años en la historia de la aviación forma parte del itinerario aventurero de esta expedición. Sería mucho exagerar decir que para arrancar las hélices del Twin Otter hace falta darle unas vueltas a mano, pero valdría como metáfora bastante explicativa de la sensación que se tiene entrando en un avión de escasos dos metros de ancho, un asiento a cada lado del angosto pasillo y una capacidad máxima de 16 pasajeros. Por suerte todo juicio que se pueda hacer en Nepal encuentra una absolución. Un vuelo excelente de 45 minutos, con el raro souvenir de ver la cima del mundo, nos depositó en la más increíble pista de aterrizaje que uno se pueda imaginar, menos de 200 mts de largo y en subida, la única chance de frenar antes de una gran pared de piedra.
Desayuno a las 9 de la mañana en el pequeño poblado de Lukla, últimos preparativos y finalmente las mochilas al hombro y a comenzar a caminar con destino a Tea House y al otro día a Namche Bazaar a 3.350 mts. La abundancia de belleza de un lugar se mide por la compulsiva necesidad de sacar fotos a todo; pero cuando se sabe positivamente que uno no dispone de un procesador lo suficientemente rápido y cuya capacidad no alcanza para guardar tanta hermosura, la única opción que queda es la de agilizar el dedo índice en el gatillo de la cámara. Se camina lento, se guarda el aliento para los días en la montaña y la aproximación se convierte en un paseo mas étnico que andinistico, lo cual ayuda a acotar las ansiedades presentes desde el momento en el que nos cargamos por primera vez la mochila. "Namaste" se convierte en la frase más repetida del valle, con un increíble respeto en cada saludo nos vamos cruzando con pobladores, porteadores y mas gentes. Como en todo lugar turístico nos volvemos inmunes a la presencia de otros extranjeros, lo único que parece llamar nuestra atención son las anécdotas del resto de los miembros de la expedición y todo aquello que tenga que ver con la cultura del lugar, que aunque se encuentre totalmente invadida por forasteros no parece verse alterada en gran medida, como en tantos otros lugares del mundo en los que la trans-culturalizacion es moneda corriente.
La primera jornada es corta pero rendidora y recién pasado el mediodía se llega al Tea House, modelo de Hostel nepalí con un buen confort y hermosas vistas. Y entre charlas y mates se va pasando la tarde y el frio de la noche obliga a irse a la cama temprano.

Cuando los planes de montaña son de varios días y van recorriendo el mismo valle, por momentos la caminata se torna monótona y las vistas se van repitiendo desde diferentes ángulos. Esto no ocurre en el valle Khumbu, el aburrimiento no tiene lugar, las increíbles vistas dan lugar a nuevas imágenes más impresionantes que las anteriores, y en el ínterín la nutrición constante de la cultura sherpa llena los momentos, en los que se descansa el cuello de tanto cogotear hacia arriba. Los kms se acumulan bajo los pies y uno tras otro los puentes que cruzan el torrentoso río glaciar, nos van acercando a Namche Bazaar. Por último una dura cuesta arriba de más de 600 mts de desnivel nos deposita con el aliento en la garganta en un pueblo que, más tiene de pequeña ciudad que de poblado, aunque se encuentre a dos días del medio de transporte artificial más cercano.
REPORTE 1 KATMANDU
Si hay algo que viene caracterizando a esta expedición desde el momento en el que se confirmó su financiamiento y las fechas de partida, es lo expeditivo de todo.
Eso no ha cambiado desde hace casi un mes. Tratar de coordinar nuestras actividades personales con las organizativas ha requerido de un esfuerzo extra no solo de nuestra parte sino también de todos aquellos que estuvieron embarcados en el proyecto y por sobre todo por parte de
nuestras familias.
Pensábamos que eso iba a ir relajándose lentamente con el paso de los días, sin embargo el ritmo cambió poco y nada en las últimas jornadas. El único tiempo de obligado descanso, fueron las 32 horas que se demoró el vuelo con sus respectivas escalas (Londres y Nueva Delhi); desde nuestra llegada a Katmandú, el día 27 a las 9 de la mañana hora local, la rutina ha sido la de coordinar visitas culturales infaltables con preparativos finales de gestión de material, armado de cargas para enviar al base, compras de comida, etc. Todo eso sin descuidar el tema descanso y alimentación, que no solo tiene que ser nutritiva sino abundante y lo más acorde posible a nuestras necesidades en cuanto a higiene. Nadie quiere enfermarse ahora que recién empezamos. 
La increíble oportunidad de entremezclarse culturalmente con la gente del Nepal es una "obligación" mas que agradable, ya que desde el momento en el que se sale de la puerta del hostal el shock es inevitable. Vendedores ambulantes, bocinas, calles con diminutas veredas, un constante trabajo de esquivar mini-taxis, motos, bicicletas y sulkis a pedal, regateo, olores de lo más variado, pero por sobre todas las cosas una excelente predisposición y buen humor, además de una exquisita dosis de modales. Las horas en la calle son muchas, la noche llega temprano y las horas de sueño se atesoran; el desayuno es opíparo y cuesta un poco arrancar, pero una vez que el equipo se pone en marcha la división de tareas es eficiente y los listados de cosas pendientes se van achicando poco a poco.
La capital del Nepal, Katmandú, es una ciudad en la que la aparente anarquía llega a todos lados; sin embargo bajo ese caparazón de desorganización y falta de reglas, vive un orden que lentamente va saltando a la vista, lleno de pautas implícitas de convivencia y de fraternidad (tres religiones comparten el mismo suelo y en algunos casos hasta los templos de oración; budistas, hindúes y musulmanes no parecen arrastrar conflictos étnicos aquí en Katmandu). Los colores invaden las calles y las Pashmiras, dhacas y alfombras por momentos llenan la vista lo mismo que el curry llena el olfato; nada puede pasar inadvertido en una ciudad en la que todo está expuesto en sus veredas y en sus templos. La magia está presente en cada callejuela, siempre y cuando uno deje que la misma se exprese, el pasaporte es la relajación y la aceptación de todo tal y como viene.
Desde que aterrizamos en Katmandú no tuvimos la oportunidad de ver mas allá de la bruma que cubre el valle en el que está emplazado la ciudad, la mezcla de smog y nubes de humedad provenientes de la selva que nos rodea no ha sido sin embargo un impedimento para disfrutar de cada minuto aquí, aunque a medida que se va acercando la hora de abordar el vuelo a Lukla (31 a las 6 de la mañana) y que los últimos preparativos van determinando el final de esta etapa urbana las ansiedades van en aumento y las dudas sobre cosas especificas se convierten en moneda frecuente. Lo único que no nos cabe duda es que mañana o a más tardar pasado mañana estaremos iniciando la marcha de aproximación al Campamento Base del monte Everest, serán diez días en los que la distancia recorrida no será mucha pero se da inicio al proceso de aclimatación, por lo que la paciencia cumplirá un papel protagónico.
Por ahora es poco lo que nos queda por hacer, solo cuidar de nuestra salud y hacer lo que hemos venido a hacer, representar a nuestra gente, a nuestros amigos, conocidos, vecinos y a todos aquellos que ven a este intento de ascensión a la montaña más alta del mundo como un pequeño hito en la historia del andinismo argentino.














